martes, 25 de julio de 2017

Recuperando la cordura

Una taza de café aromatiza mi despertar. Divagaba por el reducido espacio de mi refugio, los vidrios empañados, una pantalla parpadeando con mensajes pendientes, Gloria Gaynor canturreando. Hace tiempo que no regresaba a este lugar, de alguna manera me fui extraviando para evitar que las palabras me hiciesen retornar cabizbaja, una vez más penitente de esta cruz que convertí en mi desgracia.
Con los años fui minimizando los daños. Me fui convirtiendo en la sombra penitente, en la constante escondida. Me fui transformando de alguna misteriosa e irónica manera en una forma inexplicable de meretriz estacional. Era un juego macabro de dominación y sometimiento. A él le gustaba dominar, se sentía victorioso, por un momento amado y deseado, fuerte y altivo, como un guerrero extasiado por la batalla, por la fuerza de la supervivencia y la superioridad de la estrategia. Ella se conformaba con ser dominada, bajar la vista y aceptar su voluntad; como si contrariarlo hiciese que el momento corriera el riesgo de desaparecer. Había esperado tanto por volverlo a ver que cada vez que hacía el camino a su encuentro cualquier torpeza podría provocar el desastre. Guardaba silencio.Sólo quería contemplarlo,podría transcurrir un mes,una estación, un año antes de volverlo a ver podría ser nunca, podría ser mañana.
Tantos años se conformó con un instante que en su locura convirtió en inmortalidad. Esta noche, no.Esta noche intentaré recuperar la cordura.

lunes, 30 de marzo de 2015

Naufragio

Vengo a este lugar en puntillas, para que mi Razón no me castigue por este afán de autoagredirme. No lo entendería, se enojaría conmigo, insistiendo en que esto es agresión, que es lastimarse. No, no lo es. Se trata de mirarse al espejo sin negar las cicatrices. Abandonar esa manía de maquillar las imperfecciones de la vida, las marcas de los errores, de la terquedad, de la porfía, de la desidia.

Finalmente la vida comenzó a dar giros y tumbos. Errática me hizo perder el camino que alguna vez tracé. No sé cómo, no sé cuándo, no sé por qué. Aquí estoy, sin pretensiones de ningún tipo. Tal vez sólo agradecería un sueño eterno y profundo. Aquel que convierta mi universo en un big bounce y todo vuelva a comenzar de otra forma.

Me quedé sin motivos, me quedé sin pretextos. Aunque él sólo fuera un espejismo al menos esa irrealidad era cándida, era compañía. No tiene sentido pero nunca pretendí que así fuera. Me gustaba despertar en las noches cuando me visita el insomnio y mirar por la ventana. Imaginar que las sombras te extrañaban. Que la misma noche te arropaba. Me gustaba desdoblarme cual bruja nocturna y visitar su balcón, susurrar algún soneto sobre su oreja. No importa que no me escuchara, no importa que no fuera yo quién su cama dormitaba. Estaba tan acostumbrada a ser nadie, a ser sombra, a no existir.

El olvido duele, pero duele más recordar.
Se vuelve condena,
Se vuelve resignación cansada.

domingo, 29 de marzo de 2015

La caída infinita

El ejercicio cotidiano de vaciar el alma en pequeños fragmentos. Respirar la vida y exhalar poesía. Eso intentaba. Exorcizar el alma atormentada de tanta soledad. Esa noche aquello buscaba y me encontré con uno más solitario que yo.
Quizás eso produzca aquel choque de constelaciones, que mi pequeña galaxia simplemente desapareciera.
Luego de tantas lágrimas, de tanta espera, uno comprende -no sin titubeos y retrocesos- que debe alzar el vuelo. Que la caída libre es una opción, pero que en algún instante uno también deja de caer, porque la caída en sí misma se hace infinita.

Me inventé una compañía ficticia. Esa es la verdad. Me engañé creyendo que esperaba el regreso de alguien que nunca llegó, que nunca tampoco estuvo. ME inventé todo para poder sobrevivir a mí misma, para salvarme de una vida que iba directo a la catástrofe.

y ahora que la Verdad deambula descarada, me observa por la misma ventana en que cada noche esperaba al Templario.

Otoño Redentor

Andando por aquellas calles, inevitablemente uno tropieza con todos los recuerdos extraviados. Pareciera ser que hay momentos en los que todo confabula en nuestra contra. A este paso, sólo me puedo enamorar cuando me encuentre desprevenida, cuando vulnerable acepte que la Vida se hizo burla y cada intento terminó siendo una figura retórica, un pleonasmo, una ironía sin risas, sin comparsa.
Se me hizo tarde para demasiadas cosas. Me dí por vencida. Tuve que obligarme a partir. Tuve que secuestrarme a mí misma para dejarme ir. El tiempo me demostrará que fue un acierto, uno de los pocos. Tal vez mi memoria siempre se empeñe en traerme un recuerdo que será como volver un segundo, un instante a sus brazos.
Hice todo lo posible, incluso me aferré a los imposibles.
Intenté conservar algo de aquella porfía guardada en una memoria a prueba de razón.
Me di por vencida.

Siempre estuve.
Me obligué a quedarme en la mazmorra de mi condena.
Estaba tan cansada de buscar imposibles que me inventé algo que no era verdad

Y tal vez, alguna vez me recuerde. Tal vez alguna vez sonría por algo, tal vez algún susurro suyo llegue en forma de brisa y acaricie mis mejillas.


martes, 17 de marzo de 2015

Preámbulo para Abril

Todo en mí se hizo nostalgia. Se fue muriendo todo lo que tenía y que por años había atesorado como una tierra fértil, que ahora erosionada por la desilusión y tantas ausencias malditas. 
Hay noches en los que los nocturnos de Chopin me hacen creer por unos segundos que un pensamiento tuyo, lejano y ufano, me recorre la piel otra vez. Una caricia tan pasajera y mezquina como todas las que alguna vez me diste. Miro a mi alrededor y todo lo que tengo son recuerdos, famélicos y alicaidos recuerdos que yo nutrí durante las noches más solitarias, aquellas que aun acompañada me hacían recordarte. No tengo más que recuerdos, ésa es mi pobreza. También tengo lágrimas con las que día a día voy regando mis escasas esperanzas de verte regresar, aunque sea por segundos, aunque sea en forma de casualidad.

Fui cerrando las puertas y ventanas de esta seclusión voluntaria. Decidí permanecer en silencio, escuchando mis latidos, mi respiración y el susurro de estos recuerdos. Sé que es una pequeña existencia. No necesito más. Alguna vez te pedí algo? Alguna vez me negué? Alguna vez dejé de responder? Me hice una constante cosmológica en esta ecuación sin solución.

lunes, 16 de marzo de 2015

El Templario, el hombre que no existe...

La Casualidad

Tantas Posibilidades!
Un mundo salpicado de abanicos y mosaicos,
Un universo de infinitas probabilidades!
De incertidumbres,
De planos curvados no homogéneos!
Y ahí estabas,
En el medio de mi tiempo,
Deteniendo los abismos,
Destellando luz desde tus centros.
Ahí estabas,
Con tus geometrías de curvatura constante,
Aboliendo mis rectas limitadas, mis puntos indistinguibles
De cualquier otro,
Sólo eras tú.
El mundo perdía sus principios.
Me perdía en la incertidumbre de tus ojos oscuros,
Todo en ti absorbía la luz de mis pupilas,
Arrastrada por tu torbellino,
Arrastrada por tus palabras.

De tantas posibilidades!
El universo conspiraba en mi contra,
Y a tu favor.
Ahí estabas,
Ahí estabas mientras yo desaparecía,
Ahí estabas,
Con el universo entero a tu favor.


 El Encuentro: Noche de octubre

Titubeaba, inquieta recorría los espacios.
Desesperada acicalaba mis cabellos,
Ungía mi cuerpo en sortilegios de brujas y pasiones.
Quería brillar para él,
Capturar sus pupilas oscuras.
Sumergirme en sus pestañas
Y ser acariciada por ellas.

Ungüentos de lavandas y rosas
Jazmines oleosos y manos esmaltadas.
Colores! Texturas! Aromas!
¿Cómo iba yo a saber que sería mi extremaunción?
Mi propia mirra para la danza con la muerte.

Valles con aromas a primaveras,
Octubre sobre los árboles de la ciudad
Hermoso, hermoso templario, sitiando los muros
Aún cuando lo recuerdo, mis manos ansiosas, creen acariciarlo.

Me dejé vencer sin oponer resistencia,
Ciudad acosada caería rendida si tan sólo tu voz clamara
Mi nombre en tus labios la celada
Mi nombre en tus labios, envenenada.



 El juego del azar

Recordaré cada fragmento, cada recuerdo
Lo haré un mosaico bautizado de azucenas.
Tulipanes rojos premoniciones de mi amores,
Desde mis sábanas, desde mis horrores.
¿Dónde vamos, noche cómplice?
Beberemos cerveza, y cada palabra de sus labios
En cada brindis, yo caía en un abismo, en la celada.
En una noche estrellada, en una muerte profetizada.

Me enamoraba de una mirada,
Me enamoraba de un hombre sin saber su nombre
La música nos rodeaba, cómplices una noche,
Bautizados de brindis, cobijados.
Amaba su sombra, amaba sus labios embriagados.
De sus manos inquietas, de su abrazo.

El azar burlón carcajeaba,
se reía de mi devoción, de mis ansias.
“Ya verás –advertía al Destino- su desgracia”


El Encuentro

Caminó a mi encuentro.
Hermoso, gigante.
Repito esa imagen una y otra vez
Como una forma de tiempo detenido,
Compases en reversa.

Sus cabellos largos,
El silencio al momento de reflejarme en sus pupilas.
Mi respiración se agita,
Mi alma se perdía.
El Templario. 



jueves, 13 de noviembre de 2014

Status Quo

Me intentaba encontrar entre las palabras dispersas sobre mi cama, entre las paredes, danzando en el aire, en forma de recuerdos invasores. Todo perdía su coherencia, su otrora sabor dulce. Cada día buscaba una excusa cualquiera para seducirle y convertirla en mi propósito, aunque fuera efímero, aunque doliera en el alma sincerarse con la verdad. Oh! la Maldita Verdad. Siempre merodeando entre mis mentiras cómodas. 

La existencia simplemente se volvió una carga imposible de arrastrar. Es una ilusión que uno avanza. Tal vez el cansancio se hizo tan insoportable que a diario consumimos sobredosis de opiáceos mentales. Nos seducen las lisonjas, nos conformamos con la espera. Quizás sólo estamos boquiabiertos y babosos, observando la inercia de mantenernos en un reposo permanente pero alucinamos con arrastrar la carga de la existencia.

Aquí estoy, en inercia. Observando como mis días transitan sin mí. Cómo se burlan de mi Triunvirato moribundo. Aquí estoy, derrotada. Sin pretensiones, sin demandas, sin esperanzas. Me rendí de todos los modos.

miércoles, 12 de noviembre de 2014

El camino de Regreso

Durante años imaginé todos los escenarios posibles, los improbables y hasta los más terribles. No podía -y reconozco que tampoco quería- la hipotética situación de lo evidente: el Olvido comenzaba a gestarse. Soplón, cabizbajo, tímido y mordaz, hacía su aparición. Lo invoqué de tantas formas, tantas veces, tantas noches. Y ahora, hace su entrada triunfal, de la forma que jamás pude presagiar.

Por noches y noches esperé su llamada. Fui feliz cada vez que me invocó, cada vez que me recordó. El Templario escribía y yo disfrutaba su caligrafía, la semántica, cada palabra. Él nunca entendería, y sería un craso error sólo intentar explicarlo. Qué sentido tiene? Qué lógica cobija? qué razonamiento podría? Ésas impacientes serían sus preguntas. No. No lo entendería. Y una vez más yo buscaría todos los pretextos posibles, todos los contextos improbables y los haría un texto terrible.

Este hombre sólo busca un remanso para sus demonios. Un puerto, un callado.

jueves, 8 de mayo de 2014

Epifanía. Huir antes que amanezca.

Inmovilizada. No me atrevo a escribir. La pantalla me observaba estupefacta, pálida, moribunda y mis ojos sólo reflejan el brillo que esta noche sólo pueden envidiar. ¿Recuerdas aquella vez en la que aún brillabas por cuenta propia? ¿Cuando aún la voz era capaz de brotar desde tus entrañas tibias y joviales? ¿Cuando aún sonreías sin nubes grises, sin miedos a las tormentas que se avecinaban? ¿Recuerdas cuando creíste ser inmortal? Cuando las alas te sostenían y planeabas sin sentir que la caída libre era sólo cosa de tiempo. Tiempo. Tiempo. Había pasado tanto tiempo, pero en su cabeza porfiada todo giraba dentro de un tiempo caprichoso, se adelantaba irreal y retrocedía en penitencia. Alguna vez simplemente debería detenerse, desaparecer, colapsar. Este universo construido-inventado comienza a ser una carga agotadora, que va menguando todas mis otrora ansias de vivir. Todas mis oscuridades ahora me parecen más luminosas. Lo cierto es que los últimos acontecimientos desequilibran esta historia. No debía ser de este modo. El Triunvirato se había desintegrado. "Ella", "La que solía Ser" y "la Misma" habían fracasado en este intento de mantener unida la identidad de mi personaje. Ella, la que buscaba amar sin contemplaciones; La que solía ser que se aferraba a la posibilidad de la madurez, del tiempo como aprendizaje, de las letras compañía y la Misma, la que no tenía escapatoria, la que había renunciado a todo, la que se sometía a las certezas, la que ya no era capaz de blandir su espada. Siempre de rodillas.

Mi sombra intentó huir. Intentó imaginar que podía rechazarlo. Que la humillación previa había sido suficiente escarnio. Que no era necesario más dolor, más palabras, más daño. Yo lo hubiese amado así, en silencio, desde lejos. Nunca debí volverme a acercar. No obstante, corrí a su encuentro. Estuve a sus pies, como una Magdalena los besé y ungí entre mis lágrimas silenciosas. Era evidente que esos reencuentros sólo buscaban cerrar un ciclo, como todo el universo. Estoy condenada a imaginar, esa es la realidad que construyo. En esa realidad me escondo, me protejo y cometí la mortal imprudencia de capturar su recuerdo, millones de partículas que colapsan mi universo, que van consumiendo la escasa energía antes del final inevitable.


Ella había sido asesinada, la que solía ser hacía dos años cansada de su incapacidad para superar una experiencia que debió ser insignificante. Una noche no es suficiente para enamorarse, "Ella" buscaba una razón para dejar de autodestruirse, pero la razón elegida fue su condena final. El Templario vivía demasiado lejos de ese mundo diminuto de ella. Jamás podría siquiera notar que existía. Desde su arrogancia ella no era más que un detalle, una curiosidad. No me desnudé ante él, no le permití hacerlo. No se trata de pudor, sino de dignidad, aquella que tan esquiva se me había hecho con el paso de los años. No quería volver a recoger mi coraza para cubrir mi vergüenza. Me resistí a dormir entre sus sábanas, temía que llegara ese macabro momento en que él deseara que me fuera. Antes de dejarme caer en sus brazos había decidido "huir antes que amanezca".


Buscaba un final con el temor de abrigar la esperanza cálida de escribir nuevos capítulos cada vez que él quisiera. Eso sería engañarme, engañar el triunvirato que alguna vez permitió ser una estructura para sostener la cordura y evitar el colapso de la locura seductora. Una vez más , él amará a una mujer.  YO debería desear que fuera la más hermosa, la más afortunada. Una que recorra su piel palmo a palmo, pulgada a pulgada, sembrando besos que florezcan en primavera y enciendan el invierno. Espero que aquella mujer (no quise memorizar su nombre) acaricie su barba, duerma y lo sueñe a su lado, ahuyente sus demonios, bendiga su vientre. Pude sonreír, esbocé una sonrisa resignada, pero honesta. Me sumergiré en mis sombras, en el olvido otra vez. Quiero imaginar en forma de último deseo, que él será feliz, me resisto a verlo oscuro, triste, perdido. Su armadura debe brillar, su estandarte flameando frente a sus victorias cotidianas. Que sea feliz. Esa sería su peor condena.


Yo podría seguir en el mismo lugar, sin esperar lo que no volverá a ocurrir. Ser otra de aquellas partículas que retrocede en el tiempo.

Este fue el final. Aquel que nunca imaginé, porque sin darme cuenta ocurrió.

jueves, 1 de mayo de 2014

La danza de las coincidencias.

El Templario. Su frente amplia era la ironía anatómica de un razonamiento atiborrado de prejuicios e ideas obcecadas y anacrónicas. Su sonrisa irónica delataban un humor revoloteado por cuervos y buitres. Su piel exquisita, cubierta de una armadura de indiferencia y distancia siempre defensivas. Sus manos pequeñas capaces de empuñar una espada o una caricia con la misma eficacia. Un hombre para ser amado. Un hombre que habría deseado contemplar en lo cotidiano, y que de alguna tortuosa manera me las había ingeniado para mantenerlo secuestrado en mi memoria. Mi maldita memoria! Nunca debí robar lo que no me pertenecía. Robé una sombra, la vestí con la escasa luz que aún me pertenecía. Mi redentor tendría nombre, tendría su voz, su rostro, su ternura. Lo llamé, el Templario.

Cuatro años después volví al lugar de los hechos. Mi sombra estaba en el mismo balcón. Me vio llegar, sonrió. Me reconoció, pero no pudo musitar palabra alguna. Sus ojos se clavaron en mi mirada, pidió clemencia, rogaba por su liberación. Había envejecido esperando por mi regreso y ahora frente a mí, no era capaz de sentirse victoriosa. La última vez que fuimos una, salí corriendo al amanecer. Mi sombra esperaba el milagro de mi retorno. El lugar se hizo pequeño, lo recordaba amplio -¿o sería yo la que había crecido?- Evité mirar los detalles (!Mi maldita memoria, otra vez!). No entendía qué hacía en ese lugar. Él me había invitado pero mi sombra me advertía que todo se había tornado lúgubre, peligroso y dañino. Yo nunca debí acudir a ese llamado, pero había esperado tanto y tanto por volver a sus brazos, que no dudé en responder. Me esperaba, eso fue suficiente. Ahí estaba, extendido, soñado. No escuché, no quise escuchar la advertencia de mi sombra: Huye! corre! no es él, ya no es él. Pregunté: qué hago aquí? y ahí comenzó mi caída. Comenzó a relatar los acontecimientos que había provocado el caos de su vida. La mujer que lo había abandonado y la otra que lo había engañado, sus errores, sus excesos, su vida extraña, sus desaciertos. Qué era yo? yo era una fotografía, un sonrisa, una Magdalena. Necesitaba un remanso, caricias y compañía. Yo podría dárselo, al fin y al cabo siempre me recordaba como una fantasía acogedora, de una calidez generosa. Mientras hablaba mi pequeño mundo se fracturaba. Por mucho tiempo creí que toda aquel torbellino que nos inundó, que toda esa pasión había sido real. Me había engañado. YO quise creer una ilusión, yo quise creer que alguien pudo haberme hecho especial. Pobre tonta! yo sólo era una Magdalena, una mujer dispuesta que sólo le costaba un mensaje, una llamada. Una que no pedía nada. Que dadivosa entregaba y de mis fantasías se saciaba. Hay tres mujeres que lo aman, él adora a una, yo soy la que sobra.

Ahora estoy más sola que antes, más triste que antes, más empobrecida que antes. Ya ni siquiera, su recuerdo amado como algo atesorado. Amar a alguien que te mira con tanto desprecio. Eso no fue amor, fue un intento suicida. Aquella noche me vestí para él sin saber que a la misma hora tendría lugar mi funeral. Aquella noche lo amé con todas las fuerzas, con todas las ansias contenidas. Fue mi despedida.

Duele no tener a quién escribirle. Duele la ausencia de una fantasía que acariciar en las noches frías. 

miércoles, 19 de marzo de 2014

Deambulando. La puerta entreabierta, el alma cabizbaja

Intento con desesperación aferrarme a la última cuota de lucidez que me queda. Desconfío incluso de qué tan lúcida puede ser a estas alturas. Simplemente he deambulado por tanto tiempo que no puedo precisar si el rumbo ha sido intencional o errático. Ni siquiera me siento cansada, ni siquiera las lágrimas se asoman como antes en diluvios incontenibles. Ha llegado la sequía, la aridez de las palabras, el agotamiento inmediato. Dejé de buscar lo que no sucedería, dejé de buscar a quién no quiere ser hallado, dejé de buscar las excusas de mi muerte, dejé de buscar y sin darme cuenta - o probablemente con plena conciencia- me perdí en el acto de la búsqueda.

Hay una inercia que me conecta con las palabras, es la única forma para acariciar esta alma cansada. Intento no recordarlo. Intento convencerme que todo acabó antes de comenzar. Que tal vez sea cierto aquello de las reencarnaciones, de las vidas que nunca terminan, que tal vez en otro tiempo, en otra historia, en otro universo. Quién sabe? La respuesta es tan dura, tan violenta, que prefiero acariciar la fantasía de la posibilidad, porque la certeza de la convicción es demasiado cruel.

Soy una tonta, muy tonta.  Mi mundo se hizo infierno, se fragmentó en trozos que no podré unir. Los dejé flotar caóticos sin percibir que algunos en caída libre me atormentaban.

martes, 15 de octubre de 2013

En caída libre...

Regresé. Pero dudo si es un regreso o sólo un espejismo... La mente siempre se resiste a la realidad. Caprichosa intenta seducirla. Se afana en convertirla y transformarla en aquello que alguna vez nos hizo sonreír. Nos hizo respirar profundo conteniendo la vida atrapada en las entrañas. Nos sentíamos tan vivos! Tan soberbios! Ahora Doña Vida ofendida me rehuye. No me mira, no quiere contenerme. Busco su abrazo en esta noche fría. Todo se derrumba y me atrapa, me agrede. No intento zafarme, no me resisto a lo inevitable: el Olvido ha llegado con sus fauces amenazantes.

Hice un esfuerzo desesperado. Le escribí. Lo triste fue que él me contestó. Tal vez sólo se burlaba, tal vez quiso fantasear por última vez. No lo sé, pero de sus palabras otra vez me aferré. Me invitaba y yo nutrida de una euforia fugaz me arrojaba una vez más al abismo. Su silencio fue elocuente. Se arrepintió. No pude frenar mi caída. Cerré los ojos y me dejé caer sabiendo que al final estaría mi soledad esperando.

Hubo otra fantasía verbal. Hablamos un par de veces en secreto. Me enteré de su muerte repentina y voluntaria. Envidié su valentía.

martes, 23 de abril de 2013

La danza con Doña Muerte

Fue inevitable. Imperceptible. Nada pudo predecir estos acontecimientos. Simplemente ocurrieron como una ironía macabra, como un morboso destino. Se dejó caer sobre esta existencia condenada sin piedad, sin miserciordia. Aplastola sin darle tiempo para respirar. Sin darle tiempo para llorar, para clamar, para implorar lo que ya era demasiado tarde para pedir. La misericordia sería un veneno que no merecía. Su condena ya la había sentenciado. Ella misma había planeado todo. La misma que sigilosa se mantuvo en silencio simulando que no se daba cuenta. Ella ya no estaba, no resucitaría. Lo sabía con certeza porque no sólo había presenciado su muerte, sino que además, sin quererlo había terminado siendo su cómplice y acusador. Estaba harta de sus lamentaciones. Cansada de su eterno amar. El templario se había vuelto su obsesión, con esa imagen sacralizada había intentado expiar sus locuras, sus excesos, su estupidez. Lo había idolatrado, y cada noche vestida de fantasía retornaba a aquella noche en la que se aferró a su armadura. De alguna manera este recuerdo le había dado aquella experiencia mística, esas experiencias de enajenados y devotos a las que nunca les encontró sentido. Fue su propia cruz, se convirtió sin ni siquiera sospecharlo en una amante extasiada con un amante inexistente, con un amante creado de Fe, intangible, que murió con la mañana de la realidad después de una noche, y que ella resucitaba cada día con su recordar piadoso. Lo había convertido en una letanía que con el fervor religioso lo convirtió en su redentor. En ese amor por el que soportarías todo, resistirías todo, porque es un amor que sólo existe en la locura de una mente escindida, de una mente perdida.
 
Me cansé de todo, incluso de vivir en esta locura. Cuando me resigné la que Solía ser murió condenada. La Misma hoy debe arrastrar el cuerpo de Ella. Esa es su condena. Errar sin encontrar sosiego jamás. Convertirse en la inmortal que renegó ser. Condenada a presenciar su asesinato cada día, es el peso que arrastra en sus espaldas y cada vez que mira hacia atrás, ve el cuerpo de aquella que fue, Ella.
 
Termino este blog con una tristeza que me consume. Pero ya no hay lágrimas, todas hicieron este mar de ausencias. Nunca pude aquietar estos demonios destructivos, y sin darme cuenta, Doña Muerte vino a visitarme. Sabía que merodeaba, pero sólo sonreí. Es hora de dormir. Es hora de ir en busca de Poe. Es hora de ir a buscar las caracolas marinas con Alfonsina.
 

martes, 2 de abril de 2013

Espejismos

El tiempo no es el culpable. Tampoco lo es mi estupidez infinita. Finalmente, no busco un culpable, ni pretendo inmolarme ni perdonarme. Simplemente intento sobrevivir. Las evidencias son lapidarias, las cosas terminaron siendo como son, pese a que me he negado a aceptarlo.

jueves, 24 de enero de 2013

Resignación

Estos días, estos días no son días. Sólo se persiguen unos tras otros en un acelerado tren  sin frenos  arrastrando las semanas, los meses, las horas. Y no puedo hacer mucho. Nada. Impotente, cansada, agotada, moribunda. Quisiera que de una vez pasaran por sobre mí, algo terrible, un estruendo, un tornado violento, un cataclismo. Algo violento y letal, sin misericordia que destroce todo lo que queda de mí. Arrastre un aluvión mis pensamientos, diluya mis horrores y los sumerja en el fondo del mar.
 
Estoy cansada, muy cansada. Todo acabó y no encuentro -ni ya busco- las excusas para seguir viviendo. Me dejé morir, no me salvé, ya no lo intenté. ¿Para qué? ¿para ver morir cada tarde mis esperanzas? ¿para iniciar la monotonía de otro día? ¿para despertar y no querer volver a soñar? ...y soñar y soñar cada noche y saber que es mejor despertar para no asumir lo peor, lo más macabro: la resignación.
 
Comienzo a morir. Lo he decidido.
 
Antes me consolaba acariciar tu recuerdo, era suficiente para estremecerme y saber que una noche todo brilló con colores propios, únicos. Aferrada a un recuerdo, era todo lo que tenía, me conformé a visitarte en mi memoria y repasar en mis mente los diálogos, las palabras. Siempre amé las palabras, más aún cuando alguna vez las escuché cual melodías emergiendo desde tus labios. Amé un hombre desde lejos, desde el silencio. Eso es suficiente. Inspiró mis letras, mis versos, y acompañó mis noches solitarias sumergida en el insomnio y la oscuridad.
 
El olvido me espera, no lo decepcionaré.
 
Camino desnuda a su encuentro, mis cicatrices comienzan a diluirse. No me llevo nada, dejo todo aquí en forma de testimonio. Alguien leerá estas melancolías, alguien se enamorará otra vez de un Caballero Templario, otra bruja buscando absolución, para un alma que nunca encuentra sosiego.
 
Mi última lágrima,no es por ti, es por mí.

domingo, 4 de noviembre de 2012

La Locura, el refugio de las certezas

Mi mente comienza a morir de cansancio, no fue el tiempo genocida, no fue el invierno de la indiferencia, no fue tu silencio ensordecedor. Yo hubiese permanecido inmutable aguardando lo que no sucedería. No pude resistir, cobarde comencé a ceder, intenté conformarme con el recuerdo, con la fantasía; pero impotente tuve que observar impávida cómo la Locura se enseñoreaba de mis tristezas, de todo lo que me rodeaba.

Tanto esperé por ti ! pero no me quejo, esa espera permitió que disfrutara de tu recuerdo templario. Cobijó mi Melancolía, nutrió mis versos, tu ausencia me acompañaba mientras regresaba cada noche a casa. Fuiste la razón que convertí en mi fantasía, al menos pude construirla de una breve realidad. No amo a alguien que no existe, amo una fantasía que construí a partir de la sombra de un Templario que alguna vez existió, más real de lo que pude dimensionar. Por eso cada vez que la Razón baja la guardia, me deslizo como esta noche por entre medio de los recodos de la frágil memoria, aquella memoria que optó por renunciar a seguir buscando para venerar lo que ocurrió en los efímeros instantes de una noche.

Fue una forma de inmolar mi pasado, usando tu recuerdo como combustible. Fue una forma de suicidar mis esperanzas, atándolas a las anclas de la resignación.

jueves, 11 de octubre de 2012

Magdalena...

Fue inevitable. El tiempo no fue el culpable, tampoco las intenciones, ni la inercia, ni las esperanzas. Simplemente, las cosas tomaron su rumbo, la fuerza gravitacional verdadera arquitecta de nuestros universos, de nuestros destinos.
Ya no siento pena, ni soledad, ni tristeza. Dejé de creer, dejé de dormir. Obsesionada por los detalles de un momento que afanada en una porfía quise convertir en una eternidad. Tal vez lo logré, te hice inmortal sin pretenderlo, sin saber, sin sospechar que esta inmortalidad implicaría mi necrosis emocional.

No sé por qué testaruda me aferré a un recuerdo, eras uno más, pero por alguna razón que intento descubrir, te convertí en el único. Me encadené a una espera que sabía inútil, que sabía absurda, siempre supe que no volverías. Pero quise enamorarme del único hombre que me miraba con desprecio. Tal vez era mi forma flagelante de purificar mis pecados, tal vez quería convertirme en Penélope y esperar que el tiempo se encargara de mis pecados, de todas mis transgresiones. Amar a un hombre que no existía, que inventé a partir de sus palabras. Obsesionarme con unos detalles insignificantes, y convertirlos en tesoros. Convertirlo en mi Caballero Andante, imaginarlo siempre desde lejos, y yo sólo una Magdalena.

No me avergüenza ser quién fui, tampoco en quién me convertí. Hay noches en que lo imagino antes, antes de todo. Lo imagino si nos hubiésemos encontrado cuando aún no existían todas aquellas cosas que luego nos separaron. Fantaseaba si hubiésemos sido amigos,  cómplices, vecinos. Si nos hubiésemos conocido en algún bar, en un café. Si nunca hubiese sido estúpidamente sincera, si te hubiese enamorado de mí mientras cantaba con mi guitarra, mientras era quién fui alguna vez. 

Desde ahora dejaré tu recuerdo en este lugar, como si fuese este espacio oscuro tu tumba. Imaginaré que alguna mujer te adora, que duerme y te sueña, y que tú la amas a ella. Imaginaré que a veces recuerdas mis versos y te preguntarás qué fue de mi alocada existencia. Este lugar no es tu tumba, es la mía.

Cada vez que paso por ese Hotel, miro aquella ventana de la habitación N°2, mi sombra quedó atrapada en los cristales.

sábado, 22 de septiembre de 2012

La primavera ha llegado. Se ha anunciado con pompas y majestuosidad. No he podido retener ni postergar su llegada con ninguna de mis excusas. Creo que he comenzado a morir justo en el momento en que perdí las esperanzas, cuando comencé a resignarme. Ya no estás ni siquiera como fantasma, ni siquiera como fantasía a la cual acudir cuando la soledad me lastima, cuando ya no puedo seguir. La desolación de este paraje es devastadora, todo ha dejado de brillar, todo se ha ido fragmentando, el deterioro del paso del tirano tiempo.
Toda una vida esperando lo que nunca ocurrió, y ahora desde este desesperanza amarga ya no puedo continuar.
Todo el triunvirato ha sucumbido a la desgracia. Ella fue asesinada por la Misma y la que Solía Ser demente se ha suicidado en un arranque desesperado por terminar con esta agonía de insomnios y esperas. La Misma terminó vencida por la monotonía, resignada, ida.

domingo, 9 de septiembre de 2012

La Resignación vestida de Luto

Como una sombra, agazapada, escondida, he dejado que tu recuerdo permanezca en esta vida. He ido amalgamando todos los trozos de recuerdo que he ido encontrando, a medida que deambulo entre el estar y el ir, entre el retroceder y el imaginar, completando los diálogos con monólogos, terminando los compases y las acciones, retocando los detalles de la obra inconclusa. He aquí tu sombra sigue brillando en mis oscuros pensamientos, en los subterráneos de mi mente cansada.

Con el paso de los días, con el peso de las noches, he terminado aceptando el sino que me condena a esta espera. Ya no te espero tras la ventana inmóvil, ya no te espero entre mis sábanas frías e insomnes. Sólo miro el calendario y espero los días viernes, tal vez vengas, tal vez vaya, tal vez Hoy, tal vez mañana. Esa ha sido la letanía musitada por mis labios. Ya no me afano, cuando la soledad lastima, cuando la melancolía corroe, cuando el cansancio amenaza, me deslizo entre los recovecos de tu recuerdo, me sumerjo en tu sombra, naufrago en tu fantasía. De este modo, en silencio y paciencia, me resigné. Comencé a morir. Sin afanes, sin agravios, sin reproches, sin excusas. 

Noche a noche, comenzó a morir lentamente, se apaga este fulgor de mi alma, se debilita aquella mirada. No te he dejado de esperar. La ventana sigue abierta de par en par, pero sólo me visita la noche, y de cuando en vez la Luna. Cuando llegan tus mensajes por un momento la mirada brilla otra vez, como aquellas noches cuando tus manos sostenían mi alma, cuando toda mi existencia se derretía sobre tu cuerpo. Cada palabra tuya, dosis de morfina que alivian el paso de los días. 

Tengo miedo.

miércoles, 22 de agosto de 2012

Pie de Página

Las noches, cada una de ellas regresa ataviada de sus traslúcidas enaguas para envolverme en una fría caricia enviada por Doña Muerte. Son en ellas en las que te busco a través de la neblina de mis ojos cansados de esperas inútiles, esperas entumecidas de adoptar la posición silenciosa y resignada de la paciencia.

Pensaba, mientras el cigarrillo lo compartía a medias con Doña Vida...dónde estarás? te imagino, casi puedo recorrerte sólo con mis suspiros. Tan lejos, tan cansados, estos días nos han distanciado tanto, de tantas formas. Pero intento sobrevivir sin afanes, adopté esa costumbre de nutrirme como una adictiva y placentera sensación recurrir a tu recuerdo cada vez que la soledad lastima, cuando los días se hacen tristes, cuando la lluvia amenazante se confunde con mis lágrimas. No pretendo -como antes- conquistarte, esperar que regresaras en cuerpo y alma, que existiera un milagro, que me buscaras y que me amaras. Pretensiones tontas, pretensiones ilusas. Ahora te recuerdo, y a tan poco me acostumbré, que es suficiente sólo pensarte. Te recuerdo una y otra vez, y eso fue lo que logró que en mi mente te arraigaras como una existencia fantasmal. De esta forma, tengo algo de ti, nutrido desde aquel tiempo en que despertaba en tu mente, esos días en que me buscabas. Hay quienes deben amar sólo contemplando, observando desde lejos. Otros deben conformarse con resignarse a amar confundiendo gratitud y costumbre. Yo te tuve entre mis manos, pude acariciarte, fusionarme derretida sobre tu pecho ardiendo, fraguada entre tus piernas, devorando hambrienta tus carnes, en cada beso raptando tu aliento y bebiendo de tu cuerpo para calmar la sed que jamás pensé en mitigar. Pude dialogar contigo, conocer tu mundo, tus libros, tus cruzadas, tus indiferencias, tus confidencias. Dialogar, hablar de todo, escucharte o leerte con atención.

Sé que nunca creerás ni leerás estas confesiones, preguntaste aquella noche algo, que no me atreví a contestar, la verdad. La verdad fue que entre tantas historias, entre tantos nombres, cuando había perdido la esperanza de amar de una forma que pudiera idolatrar, apareciste tú. Por eso en aquel silencio disolví todas mis barreras, todas mis desconfianzas e indiferencias, todos mis resistencias y fortalezas. Por una noche, quise ser honesta, mostrarme sin maquillaje alguno, sin caretas, sin disfraces. Necesitaba una razón para seguir creyendo en algo, para seguir escribiendo poesía, para que la realidad tuviera alma, para no dejar de soñar. Tú me diste lo que necesitaba para que la Fantasía no muriera para aquella existencia obligada, para este ángel caído.

Comienza el fin. Esta historia de sobrevivencia comienza su inmortalidad.