lunes, 30 de marzo de 2015

Naufragio

Vengo a este lugar en puntillas, para que mi Razón no me castigue por este afán de autoagredirme. No lo entendería, se enojaría conmigo, insistiendo en que esto es agresión, que es lastimarse. No, no lo es. Se trata de mirarse al espejo sin negar las cicatrices. Abandonar esa manía de maquillar las imperfecciones de la vida, las marcas de los errores, de la terquedad, de la porfía, de la desidia.

Finalmente la vida comenzó a dar giros y tumbos. Errática me hizo perder el camino que alguna vez tracé. No sé cómo, no sé cuándo, no sé por qué. Aquí estoy, sin pretensiones de ningún tipo. Tal vez sólo agradecería un sueño eterno y profundo. Aquel que convierta mi universo en un big bounce y todo vuelva a comenzar de otra forma.

Me quedé sin motivos, me quedé sin pretextos. Aunque él sólo fuera un espejismo al menos esa irrealidad era cándida, era compañía. No tiene sentido pero nunca pretendí que así fuera. Me gustaba despertar en las noches cuando me visita el insomnio y mirar por la ventana. Imaginar que las sombras te extrañaban. Que la misma noche te arropaba. Me gustaba desdoblarme cual bruja nocturna y visitar su balcón, susurrar algún soneto sobre su oreja. No importa que no me escuchara, no importa que no fuera yo quién su cama dormitaba. Estaba tan acostumbrada a ser nadie, a ser sombra, a no existir.

El olvido duele, pero duele más recordar.
Se vuelve condena,
Se vuelve resignación cansada.

domingo, 29 de marzo de 2015

La caída infinita

El ejercicio cotidiano de vaciar el alma en pequeños fragmentos. Respirar la vida y exhalar poesía. Eso intentaba. Exorcizar el alma atormentada de tanta soledad. Esa noche aquello buscaba y me encontré con uno más solitario que yo.
Quizás eso produzca aquel choque de constelaciones, que mi pequeña galaxia simplemente desapareciera.
Luego de tantas lágrimas, de tanta espera, uno comprende -no sin titubeos y retrocesos- que debe alzar el vuelo. Que la caída libre es una opción, pero que en algún instante uno también deja de caer, porque la caída en sí misma se hace infinita.

Me inventé una compañía ficticia. Esa es la verdad. Me engañé creyendo que esperaba el regreso de alguien que nunca llegó, que nunca tampoco estuvo. ME inventé todo para poder sobrevivir a mí misma, para salvarme de una vida que iba directo a la catástrofe.

y ahora que la Verdad deambula descarada, me observa por la misma ventana en que cada noche esperaba al Templario.

Otoño Redentor

Andando por aquellas calles, inevitablemente uno tropieza con todos los recuerdos extraviados. Pareciera ser que hay momentos en los que todo confabula en nuestra contra. A este paso, sólo me puedo enamorar cuando me encuentre desprevenida, cuando vulnerable acepte que la Vida se hizo burla y cada intento terminó siendo una figura retórica, un pleonasmo, una ironía sin risas, sin comparsa.
Se me hizo tarde para demasiadas cosas. Me dí por vencida. Tuve que obligarme a partir. Tuve que secuestrarme a mí misma para dejarme ir. El tiempo me demostrará que fue un acierto, uno de los pocos. Tal vez mi memoria siempre se empeñe en traerme un recuerdo que será como volver un segundo, un instante a sus brazos.
Hice todo lo posible, incluso me aferré a los imposibles.
Intenté conservar algo de aquella porfía guardada en una memoria a prueba de razón.
Me di por vencida.

Siempre estuve.
Me obligué a quedarme en la mazmorra de mi condena.
Estaba tan cansada de buscar imposibles que me inventé algo que no era verdad

Y tal vez, alguna vez me recuerde. Tal vez alguna vez sonría por algo, tal vez algún susurro suyo llegue en forma de brisa y acaricie mis mejillas.


martes, 17 de marzo de 2015

Preámbulo para Abril

Todo en mí se hizo nostalgia. Se fue muriendo todo lo que tenía y que por años había atesorado como una tierra fértil, que ahora erosionada por la desilusión y tantas ausencias malditas. 
Hay noches en los que los nocturnos de Chopin me hacen creer por unos segundos que un pensamiento tuyo, lejano y ufano, me recorre la piel otra vez. Una caricia tan pasajera y mezquina como todas las que alguna vez me diste. Miro a mi alrededor y todo lo que tengo son recuerdos, famélicos y alicaidos recuerdos que yo nutrí durante las noches más solitarias, aquellas que aun acompañada me hacían recordarte. No tengo más que recuerdos, ésa es mi pobreza. También tengo lágrimas con las que día a día voy regando mis escasas esperanzas de verte regresar, aunque sea por segundos, aunque sea en forma de casualidad.

Fui cerrando las puertas y ventanas de esta seclusión voluntaria. Decidí permanecer en silencio, escuchando mis latidos, mi respiración y el susurro de estos recuerdos. Sé que es una pequeña existencia. No necesito más. Alguna vez te pedí algo? Alguna vez me negué? Alguna vez dejé de responder? Me hice una constante cosmológica en esta ecuación sin solución.

lunes, 16 de marzo de 2015

El Templario, el hombre que no existe...

La Casualidad

Tantas Posibilidades!
Un mundo salpicado de abanicos y mosaicos,
Un universo de infinitas probabilidades!
De incertidumbres,
De planos curvados no homogéneos!
Y ahí estabas,
En el medio de mi tiempo,
Deteniendo los abismos,
Destellando luz desde tus centros.
Ahí estabas,
Con tus geometrías de curvatura constante,
Aboliendo mis rectas limitadas, mis puntos indistinguibles
De cualquier otro,
Sólo eras tú.
El mundo perdía sus principios.
Me perdía en la incertidumbre de tus ojos oscuros,
Todo en ti absorbía la luz de mis pupilas,
Arrastrada por tu torbellino,
Arrastrada por tus palabras.

De tantas posibilidades!
El universo conspiraba en mi contra,
Y a tu favor.
Ahí estabas,
Ahí estabas mientras yo desaparecía,
Ahí estabas,
Con el universo entero a tu favor.


 El Encuentro: Noche de octubre

Titubeaba, inquieta recorría los espacios.
Desesperada acicalaba mis cabellos,
Ungía mi cuerpo en sortilegios de brujas y pasiones.
Quería brillar para él,
Capturar sus pupilas oscuras.
Sumergirme en sus pestañas
Y ser acariciada por ellas.

Ungüentos de lavandas y rosas
Jazmines oleosos y manos esmaltadas.
Colores! Texturas! Aromas!
¿Cómo iba yo a saber que sería mi extremaunción?
Mi propia mirra para la danza con la muerte.

Valles con aromas a primaveras,
Octubre sobre los árboles de la ciudad
Hermoso, hermoso templario, sitiando los muros
Aún cuando lo recuerdo, mis manos ansiosas, creen acariciarlo.

Me dejé vencer sin oponer resistencia,
Ciudad acosada caería rendida si tan sólo tu voz clamara
Mi nombre en tus labios la celada
Mi nombre en tus labios, envenenada.



 El juego del azar

Recordaré cada fragmento, cada recuerdo
Lo haré un mosaico bautizado de azucenas.
Tulipanes rojos premoniciones de mi amores,
Desde mis sábanas, desde mis horrores.
¿Dónde vamos, noche cómplice?
Beberemos cerveza, y cada palabra de sus labios
En cada brindis, yo caía en un abismo, en la celada.
En una noche estrellada, en una muerte profetizada.

Me enamoraba de una mirada,
Me enamoraba de un hombre sin saber su nombre
La música nos rodeaba, cómplices una noche,
Bautizados de brindis, cobijados.
Amaba su sombra, amaba sus labios embriagados.
De sus manos inquietas, de su abrazo.

El azar burlón carcajeaba,
se reía de mi devoción, de mis ansias.
“Ya verás –advertía al Destino- su desgracia”


El Encuentro

Caminó a mi encuentro.
Hermoso, gigante.
Repito esa imagen una y otra vez
Como una forma de tiempo detenido,
Compases en reversa.

Sus cabellos largos,
El silencio al momento de reflejarme en sus pupilas.
Mi respiración se agita,
Mi alma se perdía.
El Templario. 



jueves, 13 de noviembre de 2014

Status Quo

Me intentaba encontrar entre las palabras dispersas sobre mi cama, entre las paredes, danzando en el aire, en forma de recuerdos invasores. Todo perdía su coherencia, su otrora sabor dulce. Cada día buscaba una excusa cualquiera para seducirle y convertirla en mi propósito, aunque fuera efímero, aunque doliera en el alma sincerarse con la verdad. Oh! la Maldita Verdad. Siempre merodeando entre mis mentiras cómodas. 

La existencia simplemente se volvió una carga imposible de arrastrar. Es una ilusión que uno avanza. Tal vez el cansancio se hizo tan insoportable que a diario consumimos sobredosis de opiáceos mentales. Nos seducen las lisonjas, nos conformamos con la espera. Quizás sólo estamos boquiabiertos y babosos, observando la inercia de mantenernos en un reposo permanente pero alucinamos con arrastrar la carga de la existencia.

Aquí estoy, en inercia. Observando como mis días transitan sin mí. Cómo se burlan de mi Triunvirato moribundo. Aquí estoy, derrotada. Sin pretensiones, sin demandas, sin esperanzas. Me rendí de todos los modos.

miércoles, 12 de noviembre de 2014

El camino de Regreso

Durante años imaginé todos los escenarios posibles, los improbables y hasta los más terribles. No podía -y reconozco que tampoco quería- la hipotética situación de lo evidente: el Olvido comenzaba a gestarse. Soplón, cabizbajo, tímido y mordaz, hacía su aparición. Lo invoqué de tantas formas, tantas veces, tantas noches. Y ahora, hace su entrada triunfal, de la forma que jamás pude presagiar.

Por noches y noches esperé su llamada. Fui feliz cada vez que me invocó, cada vez que me recordó. El Templario escribía y yo disfrutaba su caligrafía, la semántica, cada palabra. Él nunca entendería, y sería un craso error sólo intentar explicarlo. Qué sentido tiene? Qué lógica cobija? qué razonamiento podría? Ésas impacientes serían sus preguntas. No. No lo entendería. Y una vez más yo buscaría todos los pretextos posibles, todos los contextos improbables y los haría un texto terrible.

Este hombre sólo busca un remanso para sus demonios. Un puerto, un callado.

jueves, 8 de mayo de 2014

Epifanía. Huir antes que amanezca.

Inmovilizada. No me atrevo a escribir. La pantalla me observaba estupefacta, pálida, moribunda y mis ojos sólo reflejan el brillo que esta noche sólo pueden envidiar. ¿Recuerdas aquella vez en la que aún brillabas por cuenta propia? ¿Cuando aún la voz era capaz de brotar desde tus entrañas tibias y joviales? ¿Cuando aún sonreías sin nubes grises, sin miedos a las tormentas que se avecinaban? ¿Recuerdas cuando creíste ser inmortal? Cuando las alas te sostenían y planeabas sin sentir que la caída libre era sólo cosa de tiempo. Tiempo. Tiempo. Había pasado tanto tiempo, pero en su cabeza porfiada todo giraba dentro de un tiempo caprichoso, se adelantaba irreal y retrocedía en penitencia. Alguna vez simplemente debería detenerse, desaparecer, colapsar. Este universo construido-inventado comienza a ser una carga agotadora, que va menguando todas mis otrora ansias de vivir. Todas mis oscuridades ahora me parecen más luminosas. Lo cierto es que los últimos acontecimientos desequilibran esta historia. No debía ser de este modo. El Triunvirato se había desintegrado. "Ella", "La que solía Ser" y "la Misma" habían fracasado en este intento de mantener unida la identidad de mi personaje. Ella, la que buscaba amar sin contemplaciones; La que solía ser que se aferraba a la posibilidad de la madurez, del tiempo como aprendizaje, de las letras compañía y la Misma, la que no tenía escapatoria, la que había renunciado a todo, la que se sometía a las certezas, la que ya no era capaz de blandir su espada. Siempre de rodillas.

Mi sombra intentó huir. Intentó imaginar que podía rechazarlo. Que la humillación previa había sido suficiente escarnio. Que no era necesario más dolor, más palabras, más daño. Yo lo hubiese amado así, en silencio, desde lejos. Nunca debí volverme a acercar. No obstante, corrí a su encuentro. Estuve a sus pies, como una Magdalena los besé y ungí entre mis lágrimas silenciosas. Era evidente que esos reencuentros sólo buscaban cerrar un ciclo, como todo el universo. Estoy condenada a imaginar, esa es la realidad que construyo. En esa realidad me escondo, me protejo y cometí la mortal imprudencia de capturar su recuerdo, millones de partículas que colapsan mi universo, que van consumiendo la escasa energía antes del final inevitable.


Ella había sido asesinada, la que solía ser hacía dos años cansada de su incapacidad para superar una experiencia que debió ser insignificante. Una noche no es suficiente para enamorarse, "Ella" buscaba una razón para dejar de autodestruirse, pero la razón elegida fue su condena final. El Templario vivía demasiado lejos de ese mundo diminuto de ella. Jamás podría siquiera notar que existía. Desde su arrogancia ella no era más que un detalle, una curiosidad. No me desnudé ante él, no le permití hacerlo. No se trata de pudor, sino de dignidad, aquella que tan esquiva se me había hecho con el paso de los años. No quería volver a recoger mi coraza para cubrir mi vergüenza. Me resistí a dormir entre sus sábanas, temía que llegara ese macabro momento en que él deseara que me fuera. Antes de dejarme caer en sus brazos había decidido "huir antes que amanezca".


Buscaba un final con el temor de abrigar la esperanza cálida de escribir nuevos capítulos cada vez que él quisiera. Eso sería engañarme, engañar el triunvirato que alguna vez permitió ser una estructura para sostener la cordura y evitar el colapso de la locura seductora. Una vez más , él amará a una mujer.  YO debería desear que fuera la más hermosa, la más afortunada. Una que recorra su piel palmo a palmo, pulgada a pulgada, sembrando besos que florezcan en primavera y enciendan el invierno. Espero que aquella mujer (no quise memorizar su nombre) acaricie su barba, duerma y lo sueñe a su lado, ahuyente sus demonios, bendiga su vientre. Pude sonreír, esbocé una sonrisa resignada, pero honesta. Me sumergiré en mis sombras, en el olvido otra vez. Quiero imaginar en forma de último deseo, que él será feliz, me resisto a verlo oscuro, triste, perdido. Su armadura debe brillar, su estandarte flameando frente a sus victorias cotidianas. Que sea feliz. Esa sería su peor condena.


Yo podría seguir en el mismo lugar, sin esperar lo que no volverá a ocurrir. Ser otra de aquellas partículas que retrocede en el tiempo.

Este fue el final. Aquel que nunca imaginé, porque sin darme cuenta ocurrió.

jueves, 1 de mayo de 2014

La danza de las coincidencias.

El Templario. Su frente amplia era la ironía anatómica de un razonamiento atiborrado de prejuicios e ideas obcecadas y anacrónicas. Su sonrisa irónica delataban un humor revoloteado por cuervos y buitres. Su piel exquisita, cubierta de una armadura de indiferencia y distancia siempre defensivas. Sus manos pequeñas capaces de empuñar una espada o una caricia con la misma eficacia. Un hombre para ser amado. Un hombre que habría deseado contemplar en lo cotidiano, y que de alguna tortuosa manera me las había ingeniado para mantenerlo secuestrado en mi memoria. Mi maldita memoria! Nunca debí robar lo que no me pertenecía. Robé una sombra, la vestí con la escasa luz que aún me pertenecía. Mi redentor tendría nombre, tendría su voz, su rostro, su ternura. Lo llamé, el Templario.

Cuatro años después volví al lugar de los hechos. Mi sombra estaba en el mismo balcón. Me vio llegar, sonrió. Me reconoció, pero no pudo musitar palabra alguna. Sus ojos se clavaron en mi mirada, pidió clemencia, rogaba por su liberación. Había envejecido esperando por mi regreso y ahora frente a mí, no era capaz de sentirse victoriosa. La última vez que fuimos una, salí corriendo al amanecer. Mi sombra esperaba el milagro de mi retorno. El lugar se hizo pequeño, lo recordaba amplio -¿o sería yo la que había crecido?- Evité mirar los detalles (!Mi maldita memoria, otra vez!). No entendía qué hacía en ese lugar. Él me había invitado pero mi sombra me advertía que todo se había tornado lúgubre, peligroso y dañino. Yo nunca debí acudir a ese llamado, pero había esperado tanto y tanto por volver a sus brazos, que no dudé en responder. Me esperaba, eso fue suficiente. Ahí estaba, extendido, soñado. No escuché, no quise escuchar la advertencia de mi sombra: Huye! corre! no es él, ya no es él. Pregunté: qué hago aquí? y ahí comenzó mi caída. Comenzó a relatar los acontecimientos que había provocado el caos de su vida. La mujer que lo había abandonado y la otra que lo había engañado, sus errores, sus excesos, su vida extraña, sus desaciertos. Qué era yo? yo era una fotografía, un sonrisa, una Magdalena. Necesitaba un remanso, caricias y compañía. Yo podría dárselo, al fin y al cabo siempre me recordaba como una fantasía acogedora, de una calidez generosa. Mientras hablaba mi pequeño mundo se fracturaba. Por mucho tiempo creí que toda aquel torbellino que nos inundó, que toda esa pasión había sido real. Me había engañado. YO quise creer una ilusión, yo quise creer que alguien pudo haberme hecho especial. Pobre tonta! yo sólo era una Magdalena, una mujer dispuesta que sólo le costaba un mensaje, una llamada. Una que no pedía nada. Que dadivosa entregaba y de mis fantasías se saciaba. Hay tres mujeres que lo aman, él adora a una, yo soy la que sobra.

Ahora estoy más sola que antes, más triste que antes, más empobrecida que antes. Ya ni siquiera, su recuerdo amado como algo atesorado. Amar a alguien que te mira con tanto desprecio. Eso no fue amor, fue un intento suicida. Aquella noche me vestí para él sin saber que a la misma hora tendría lugar mi funeral. Aquella noche lo amé con todas las fuerzas, con todas las ansias contenidas. Fue mi despedida.

Duele no tener a quién escribirle. Duele la ausencia de una fantasía que acariciar en las noches frías. 

miércoles, 19 de marzo de 2014

Deambulando. La puerta entreabierta, el alma cabizbaja

Intento con desesperación aferrarme a la última cuota de lucidez que me queda. Desconfío incluso de qué tan lúcida puede ser a estas alturas. Simplemente he deambulado por tanto tiempo que no puedo precisar si el rumbo ha sido intencional o errático. Ni siquiera me siento cansada, ni siquiera las lágrimas se asoman como antes en diluvios incontenibles. Ha llegado la sequía, la aridez de las palabras, el agotamiento inmediato. Dejé de buscar lo que no sucedería, dejé de buscar a quién no quiere ser hallado, dejé de buscar las excusas de mi muerte, dejé de buscar y sin darme cuenta - o probablemente con plena conciencia- me perdí en el acto de la búsqueda.

Hay una inercia que me conecta con las palabras, es la única forma para acariciar esta alma cansada. Intento no recordarlo. Intento convencerme que todo acabó antes de comenzar. Que tal vez sea cierto aquello de las reencarnaciones, de las vidas que nunca terminan, que tal vez en otro tiempo, en otra historia, en otro universo. Quién sabe? La respuesta es tan dura, tan violenta, que prefiero acariciar la fantasía de la posibilidad, porque la certeza de la convicción es demasiado cruel.

Soy una tonta, muy tonta.  Mi mundo se hizo infierno, se fragmentó en trozos que no podré unir. Los dejé flotar caóticos sin percibir que algunos en caída libre me atormentaban.

martes, 15 de octubre de 2013

En caída libre...

Regresé. Pero dudo si es un regreso o sólo un espejismo... La mente siempre se resiste a la realidad. Caprichosa intenta seducirla. Se afana en convertirla y transformarla en aquello que alguna vez nos hizo sonreír. Nos hizo respirar profundo conteniendo la vida atrapada en las entrañas. Nos sentíamos tan vivos! Tan soberbios! Ahora Doña Vida ofendida me rehuye. No me mira, no quiere contenerme. Busco su abrazo en esta noche fría. Todo se derrumba y me atrapa, me agrede. No intento zafarme, no me resisto a lo inevitable: el Olvido ha llegado con sus fauces amenazantes.

Hice un esfuerzo desesperado. Le escribí. Lo triste fue que él me contestó. Tal vez sólo se burlaba, tal vez quiso fantasear por última vez. No lo sé, pero de sus palabras otra vez me aferré. Me invitaba y yo nutrida de una euforia fugaz me arrojaba una vez más al abismo. Su silencio fue elocuente. Se arrepintió. No pude frenar mi caída. Cerré los ojos y me dejé caer sabiendo que al final estaría mi soledad esperando.

Hubo otra fantasía verbal. Hablamos un par de veces en secreto. Me enteré de su muerte repentina y voluntaria. Envidié su valentía.

martes, 23 de abril de 2013

La danza con Doña Muerte

Fue inevitable. Imperceptible. Nada pudo predecir estos acontecimientos. Simplemente ocurrieron como una ironía macabra, como un morboso destino. Se dejó caer sobre esta existencia condenada sin piedad, sin miserciordia. Aplastola sin darle tiempo para respirar. Sin darle tiempo para llorar, para clamar, para implorar lo que ya era demasiado tarde para pedir. La misericordia sería un veneno que no merecía. Su condena ya la había sentenciado. Ella misma había planeado todo. La misma que sigilosa se mantuvo en silencio simulando que no se daba cuenta. Ella ya no estaba, no resucitaría. Lo sabía con certeza porque no sólo había presenciado su muerte, sino que además, sin quererlo había terminado siendo su cómplice y acusador. Estaba harta de sus lamentaciones. Cansada de su eterno amar. El templario se había vuelto su obsesión, con esa imagen sacralizada había intentado expiar sus locuras, sus excesos, su estupidez. Lo había idolatrado, y cada noche vestida de fantasía retornaba a aquella noche en la que se aferró a su armadura. De alguna manera este recuerdo le había dado aquella experiencia mística, esas experiencias de enajenados y devotos a las que nunca les encontró sentido. Fue su propia cruz, se convirtió sin ni siquiera sospecharlo en una amante extasiada con un amante inexistente, con un amante creado de Fe, intangible, que murió con la mañana de la realidad después de una noche, y que ella resucitaba cada día con su recordar piadoso. Lo había convertido en una letanía que con el fervor religioso lo convirtió en su redentor. En ese amor por el que soportarías todo, resistirías todo, porque es un amor que sólo existe en la locura de una mente escindida, de una mente perdida.
 
Me cansé de todo, incluso de vivir en esta locura. Cuando me resigné la que Solía ser murió condenada. La Misma hoy debe arrastrar el cuerpo de Ella. Esa es su condena. Errar sin encontrar sosiego jamás. Convertirse en la inmortal que renegó ser. Condenada a presenciar su asesinato cada día, es el peso que arrastra en sus espaldas y cada vez que mira hacia atrás, ve el cuerpo de aquella que fue, Ella.
 
Termino este blog con una tristeza que me consume. Pero ya no hay lágrimas, todas hicieron este mar de ausencias. Nunca pude aquietar estos demonios destructivos, y sin darme cuenta, Doña Muerte vino a visitarme. Sabía que merodeaba, pero sólo sonreí. Es hora de dormir. Es hora de ir en busca de Poe. Es hora de ir a buscar las caracolas marinas con Alfonsina.
 

martes, 2 de abril de 2013

Espejismos

El tiempo no es el culpable. Tampoco lo es mi estupidez infinita. Finalmente, no busco un culpable, ni pretendo inmolarme ni perdonarme. Simplemente intento sobrevivir. Las evidencias son lapidarias, las cosas terminaron siendo como son, pese a que me he negado a aceptarlo.

jueves, 24 de enero de 2013

Resignación

Estos días, estos días no son días. Sólo se persiguen unos tras otros en un acelerado tren  sin frenos  arrastrando las semanas, los meses, las horas. Y no puedo hacer mucho. Nada. Impotente, cansada, agotada, moribunda. Quisiera que de una vez pasaran por sobre mí, algo terrible, un estruendo, un tornado violento, un cataclismo. Algo violento y letal, sin misericordia que destroce todo lo que queda de mí. Arrastre un aluvión mis pensamientos, diluya mis horrores y los sumerja en el fondo del mar.
 
Estoy cansada, muy cansada. Todo acabó y no encuentro -ni ya busco- las excusas para seguir viviendo. Me dejé morir, no me salvé, ya no lo intenté. ¿Para qué? ¿para ver morir cada tarde mis esperanzas? ¿para iniciar la monotonía de otro día? ¿para despertar y no querer volver a soñar? ...y soñar y soñar cada noche y saber que es mejor despertar para no asumir lo peor, lo más macabro: la resignación.
 
Comienzo a morir. Lo he decidido.
 
Antes me consolaba acariciar tu recuerdo, era suficiente para estremecerme y saber que una noche todo brilló con colores propios, únicos. Aferrada a un recuerdo, era todo lo que tenía, me conformé a visitarte en mi memoria y repasar en mis mente los diálogos, las palabras. Siempre amé las palabras, más aún cuando alguna vez las escuché cual melodías emergiendo desde tus labios. Amé un hombre desde lejos, desde el silencio. Eso es suficiente. Inspiró mis letras, mis versos, y acompañó mis noches solitarias sumergida en el insomnio y la oscuridad.
 
El olvido me espera, no lo decepcionaré.
 
Camino desnuda a su encuentro, mis cicatrices comienzan a diluirse. No me llevo nada, dejo todo aquí en forma de testimonio. Alguien leerá estas melancolías, alguien se enamorará otra vez de un Caballero Templario, otra bruja buscando absolución, para un alma que nunca encuentra sosiego.
 
Mi última lágrima,no es por ti, es por mí.

domingo, 4 de noviembre de 2012

La Locura, el refugio de las certezas

Mi mente comienza a morir de cansancio, no fue el tiempo genocida, no fue el invierno de la indiferencia, no fue tu silencio ensordecedor. Yo hubiese permanecido inmutable aguardando lo que no sucedería. No pude resistir, cobarde comencé a ceder, intenté conformarme con el recuerdo, con la fantasía; pero impotente tuve que observar impávida cómo la Locura se enseñoreaba de mis tristezas, de todo lo que me rodeaba.

Tanto esperé por ti ! pero no me quejo, esa espera permitió que disfrutara de tu recuerdo templario. Cobijó mi Melancolía, nutrió mis versos, tu ausencia me acompañaba mientras regresaba cada noche a casa. Fuiste la razón que convertí en mi fantasía, al menos pude construirla de una breve realidad. No amo a alguien que no existe, amo una fantasía que construí a partir de la sombra de un Templario que alguna vez existió, más real de lo que pude dimensionar. Por eso cada vez que la Razón baja la guardia, me deslizo como esta noche por entre medio de los recodos de la frágil memoria, aquella memoria que optó por renunciar a seguir buscando para venerar lo que ocurrió en los efímeros instantes de una noche.

Fue una forma de inmolar mi pasado, usando tu recuerdo como combustible. Fue una forma de suicidar mis esperanzas, atándolas a las anclas de la resignación.

jueves, 11 de octubre de 2012

Magdalena...

Fue inevitable. El tiempo no fue el culpable, tampoco las intenciones, ni la inercia, ni las esperanzas. Simplemente, las cosas tomaron su rumbo, la fuerza gravitacional verdadera arquitecta de nuestros universos, de nuestros destinos.
Ya no siento pena, ni soledad, ni tristeza. Dejé de creer, dejé de dormir. Obsesionada por los detalles de un momento que afanada en una porfía quise convertir en una eternidad. Tal vez lo logré, te hice inmortal sin pretenderlo, sin saber, sin sospechar que esta inmortalidad implicaría mi necrosis emocional.

No sé por qué testaruda me aferré a un recuerdo, eras uno más, pero por alguna razón que intento descubrir, te convertí en el único. Me encadené a una espera que sabía inútil, que sabía absurda, siempre supe que no volverías. Pero quise enamorarme del único hombre que me miraba con desprecio. Tal vez era mi forma flagelante de purificar mis pecados, tal vez quería convertirme en Penélope y esperar que el tiempo se encargara de mis pecados, de todas mis transgresiones. Amar a un hombre que no existía, que inventé a partir de sus palabras. Obsesionarme con unos detalles insignificantes, y convertirlos en tesoros. Convertirlo en mi Caballero Andante, imaginarlo siempre desde lejos, y yo sólo una Magdalena.

No me avergüenza ser quién fui, tampoco en quién me convertí. Hay noches en que lo imagino antes, antes de todo. Lo imagino si nos hubiésemos encontrado cuando aún no existían todas aquellas cosas que luego nos separaron. Fantaseaba si hubiésemos sido amigos,  cómplices, vecinos. Si nos hubiésemos conocido en algún bar, en un café. Si nunca hubiese sido estúpidamente sincera, si te hubiese enamorado de mí mientras cantaba con mi guitarra, mientras era quién fui alguna vez. 

Desde ahora dejaré tu recuerdo en este lugar, como si fuese este espacio oscuro tu tumba. Imaginaré que alguna mujer te adora, que duerme y te sueña, y que tú la amas a ella. Imaginaré que a veces recuerdas mis versos y te preguntarás qué fue de mi alocada existencia. Este lugar no es tu tumba, es la mía.

Cada vez que paso por ese Hotel, miro aquella ventana de la habitación N°2, mi sombra quedó atrapada en los cristales.

sábado, 22 de septiembre de 2012

La primavera ha llegado. Se ha anunciado con pompas y majestuosidad. No he podido retener ni postergar su llegada con ninguna de mis excusas. Creo que he comenzado a morir justo en el momento en que perdí las esperanzas, cuando comencé a resignarme. Ya no estás ni siquiera como fantasma, ni siquiera como fantasía a la cual acudir cuando la soledad me lastima, cuando ya no puedo seguir. La desolación de este paraje es devastadora, todo ha dejado de brillar, todo se ha ido fragmentando, el deterioro del paso del tirano tiempo.
Toda una vida esperando lo que nunca ocurrió, y ahora desde este desesperanza amarga ya no puedo continuar.
Todo el triunvirato ha sucumbido a la desgracia. Ella fue asesinada por la Misma y la que Solía Ser demente se ha suicidado en un arranque desesperado por terminar con esta agonía de insomnios y esperas. La Misma terminó vencida por la monotonía, resignada, ida.

domingo, 9 de septiembre de 2012

La Resignación vestida de Luto

Como una sombra, agazapada, escondida, he dejado que tu recuerdo permanezca en esta vida. He ido amalgamando todos los trozos de recuerdo que he ido encontrando, a medida que deambulo entre el estar y el ir, entre el retroceder y el imaginar, completando los diálogos con monólogos, terminando los compases y las acciones, retocando los detalles de la obra inconclusa. He aquí tu sombra sigue brillando en mis oscuros pensamientos, en los subterráneos de mi mente cansada.

Con el paso de los días, con el peso de las noches, he terminado aceptando el sino que me condena a esta espera. Ya no te espero tras la ventana inmóvil, ya no te espero entre mis sábanas frías e insomnes. Sólo miro el calendario y espero los días viernes, tal vez vengas, tal vez vaya, tal vez Hoy, tal vez mañana. Esa ha sido la letanía musitada por mis labios. Ya no me afano, cuando la soledad lastima, cuando la melancolía corroe, cuando el cansancio amenaza, me deslizo entre los recovecos de tu recuerdo, me sumerjo en tu sombra, naufrago en tu fantasía. De este modo, en silencio y paciencia, me resigné. Comencé a morir. Sin afanes, sin agravios, sin reproches, sin excusas. 

Noche a noche, comenzó a morir lentamente, se apaga este fulgor de mi alma, se debilita aquella mirada. No te he dejado de esperar. La ventana sigue abierta de par en par, pero sólo me visita la noche, y de cuando en vez la Luna. Cuando llegan tus mensajes por un momento la mirada brilla otra vez, como aquellas noches cuando tus manos sostenían mi alma, cuando toda mi existencia se derretía sobre tu cuerpo. Cada palabra tuya, dosis de morfina que alivian el paso de los días. 

Tengo miedo.

miércoles, 22 de agosto de 2012

Pie de Página

Las noches, cada una de ellas regresa ataviada de sus traslúcidas enaguas para envolverme en una fría caricia enviada por Doña Muerte. Son en ellas en las que te busco a través de la neblina de mis ojos cansados de esperas inútiles, esperas entumecidas de adoptar la posición silenciosa y resignada de la paciencia.

Pensaba, mientras el cigarrillo lo compartía a medias con Doña Vida...dónde estarás? te imagino, casi puedo recorrerte sólo con mis suspiros. Tan lejos, tan cansados, estos días nos han distanciado tanto, de tantas formas. Pero intento sobrevivir sin afanes, adopté esa costumbre de nutrirme como una adictiva y placentera sensación recurrir a tu recuerdo cada vez que la soledad lastima, cuando los días se hacen tristes, cuando la lluvia amenazante se confunde con mis lágrimas. No pretendo -como antes- conquistarte, esperar que regresaras en cuerpo y alma, que existiera un milagro, que me buscaras y que me amaras. Pretensiones tontas, pretensiones ilusas. Ahora te recuerdo, y a tan poco me acostumbré, que es suficiente sólo pensarte. Te recuerdo una y otra vez, y eso fue lo que logró que en mi mente te arraigaras como una existencia fantasmal. De esta forma, tengo algo de ti, nutrido desde aquel tiempo en que despertaba en tu mente, esos días en que me buscabas. Hay quienes deben amar sólo contemplando, observando desde lejos. Otros deben conformarse con resignarse a amar confundiendo gratitud y costumbre. Yo te tuve entre mis manos, pude acariciarte, fusionarme derretida sobre tu pecho ardiendo, fraguada entre tus piernas, devorando hambrienta tus carnes, en cada beso raptando tu aliento y bebiendo de tu cuerpo para calmar la sed que jamás pensé en mitigar. Pude dialogar contigo, conocer tu mundo, tus libros, tus cruzadas, tus indiferencias, tus confidencias. Dialogar, hablar de todo, escucharte o leerte con atención.

Sé que nunca creerás ni leerás estas confesiones, preguntaste aquella noche algo, que no me atreví a contestar, la verdad. La verdad fue que entre tantas historias, entre tantos nombres, cuando había perdido la esperanza de amar de una forma que pudiera idolatrar, apareciste tú. Por eso en aquel silencio disolví todas mis barreras, todas mis desconfianzas e indiferencias, todos mis resistencias y fortalezas. Por una noche, quise ser honesta, mostrarme sin maquillaje alguno, sin caretas, sin disfraces. Necesitaba una razón para seguir creyendo en algo, para seguir escribiendo poesía, para que la realidad tuviera alma, para no dejar de soñar. Tú me diste lo que necesitaba para que la Fantasía no muriera para aquella existencia obligada, para este ángel caído.

Comienza el fin. Esta historia de sobrevivencia comienza su inmortalidad. 


miércoles, 15 de agosto de 2012

Monólogo con tu ausencia

Me gustaría esta noche imaginar que deambulas por mi refugio, que estás cerca rozando mis cabellos, respirando cerca de mis oídos, que tu aliento en forma de brisa recorre mi espalda, provocando una avalancha de sensaciones corporales inquietas y temblorosas. Me gustaría imaginarte fumando un cigarrillo Lucky Strike en el balcón mientras el invierno enfría nuestra piel sólo para entregarnos la excusa perfecta para buscarnos en un abrazo. Quiero imaginarte cerca, porque desde hace mucho he atesorado tu sombra secuestrada en mi memoria.

Me gustaría esta noche imaginar que me lees, que me piensas, que de cuando en vez regresas a este recuerdo, a esas noches, a nuestros diálogos, a nuestra complicidad. Me gustaría creer que a veces no importa el tiempo del calendario, ni los años ya pasados, ni las promesas rotas, ni los sueños frustrados. Dejé de buscar, porque encontré a quién buscaba. Ya no lamento que no haya sido recíproco, que haya sido a destiempo, que fuera un imposible. No es lo mismo haber amado a un hombre por costumbre, por resignación, por gratitud, no es lo mismo haber amado a un hombre convertido en fantasía sin jamás haber besado sus labios. Yo elegí amar aunque eso conllevara el riesgo de perder, de esperar, de no entender, de llorar. Lo que se ha convertido en mi consuelo es que pude hacerlo real, pude ser bendecida con tus caricias, mi alma tembló mientras tus manos la invadían. No me importa que no se repita todas las noches, no importa que no camine a tu lado. Sé que me recuerdas, sé que también me transformé en tu fantasía. Sabes mi nombre, y hay noches en que lo susurras. 

Me gustaría imaginarte esta noche, esperándome entre mis sábanas. Enredarme contigo en el mismo sueño, derretirnos en el mismo fraguado. Correría el mismo riesgo, sabiendo que tras tus despedidas siempre hay un largo tiempo de ausencia. Fue real, y eso para mi es suficiente porque ha sido mi memoria la que se ha encargado de mantener presente, intacto, inmortal aquel recuerdo que capturó tu aroma, tu sabor, tus movimientos, tus gestos, tu sonrisa burlona, la textura de tu barba... Maldita memoria! cruel castigadora de mis desvelos! Gestante de mis insomnios, de todos mis ganas de encontrarte, de todas mis ansias de devorarte entre mis abrazos, entre mis piernas, entre mis manos.

Duerme, y serán mis pestañas las que acaricien tus ojos cerrados, depositando en ellos dos besos en vez de monedas sobre tus párpados somnolientos.

Duerme, mientras respiro tu aliento sosegado.

Duerme, tú tan lejos y yo tan insomne...

domingo, 29 de julio de 2012

Epitafio para nuestra ausencia

La tarde transcurre arrebatando todo lo que alguna vez tornaba este paraje en mi paisaje amado. Ya no tiene sentido aferrarse a las sombras de los edificios, ni a las caricias de las ramas de los árboles batientes, ni a las calles tapizadas de nuestros pasos ausentes. El sol se refleja en las ventanas y me cuesta tanto no salir volando a través de ellas. Un remolino de pensamientos y lágrimas intentan suicidarse, una caída libre que los libere de esta espera que se ha vuelto un proceso de fermentación de la existencia, aquella que alguna vez brillaba con colores brillantes, hoy yace sumergida en el fondo del pozo de estas miserias.
No importa nada, nada brilla, nada posee aquel encanto que alguna vez, que alguna vez amé tanto. Tu recuerdo Templario se volvió una droga, que me hacía esperar, esperar por lo que nunca llegaría, esa fue la razón por la que te escogí, porque nunca volverías. De esta forma tortuosa te volví mi tesoro, un tesoro que no poseía pero que me hacía sentirte cerca.

No tiene sentido, pero eso nunca fue un problema, porque nunca pretendí que lo tuviera. Quizás el objetivo fue siempre la carencia de propósito, de futuro, de posibilidad. Muchos ostentan un amor de esos que disfrutan a diario, que se nutre de mutuas intenciones, de cuidados y detalles. Yo no tengo nada, ni un vestigio, sólo recuerdos de una noche. Una tonta, eso soy.

En otras ocasiones me he despedido, hoy no lo haré. Tal vez eso me reintegre algo de orgullo, algo de coherencia. 

Comienza a morir mi personaje, una parte ya se había suicidado, la otra había sido asesinada por la realidad, por la lógica y esta última parte del triunvirato corre la peor de las suertes, la más macabra de las sentencias, es condenada a resignarse.


lunes, 16 de julio de 2012

La Batalla...

Cansada de rumiar recuerdos, acerbo lacerante que macera esperas resignadas a la muerte. Una ventana que acarrea brisas invernales que entibian mis ya frías ansias de quererte. Si supieras, si tan sólo alguno de estos deseos te alcanzara, te rozara con suavidad como mis dedos tímidos sobre tu carne sudada. Pero las ansias no son más que deseos, etéreos destrozados por las fauces de la realidad cáustica. 

Quiero que seas voz y carne otra vez, quiero que vengas, me mires y venzas. Quiero que tus tropas se preparen para la batalla mientras tus ojos planean la estrategia para el asedio. Sobornaré a mis vigías, dejaré las puertas abiertas y los puentes extendidos, todo preparado para tu llegada. Quiero verte cabalgar desde lejos, y correr a tu encuentro, ataviada sólo por mis ansias nostálgicas. Quiero verte gigante, con tu armadura resplandeciente, el yelmo y mandoble brillantes. Pauperes Conmilitones Christi...




sábado, 14 de julio de 2012

Portulano Caótico

De tanto esperar, terminé olvidando lo que esperaba. Adoptando la postura de la paciencia, observando el tiempo burlón atrapado en mi memoria, y la fantasía susurra tu nombre. Hay noches que me obligo a no recordar, a reemplazar las coordenadas, pero a menudo este baluarte es arrasado por tus ejércitos, basta una sombra tuya para que todas mis resistencias caigan rendidas. Esperé tanto, te imaginé mil veces desde lejos, te acaricié tres mil veces al borde de tus sueños, cinco mil veces caminando por tu calle custodiando tu marcha, diez mil veces hojeando un libro, y que al menos una vez hayas posado tu mirada sobre aquel libro con el Rey Transparente y treinta mil veces escribiendo versos con tu nombre bordado en ellos.

Cuando había reunido fuerzas para asesinar tu recuerdo, apareces..

Escribías aquellas palabras que tanto deseaba, ni te imaginas cuánto las esperaba...pero ahora soy yo la cobarde. Me acostumbré tanto tanto a tu ausencia y esperar que regresaras por segundos, como espejismos en el desierto, que no logro reconocer que ahora estás ahí. La incertidumbre aprendida que no hay certezas, que no es cierto, que me lo imagino, que me lo invento, que vas y vienes, que desaparecerás otra vez y que yo seguiré tras la ventana...

martes, 26 de junio de 2012

Manos Frías

Nada de esto, tan atesorado tiene sentido. Los días continúan transcurriendo y no he podido mantenerlos hilados en el calendario. He perdido no sólo las ilusiones, los impétus que alguna vez vibraron dentro de mí, he perdido aquello que brillaba en mí, aquello que me definía, que me daba alguna claridad en medio de tanta muerte, de tantas mentiras.
Hoy cantaba y por un segundo recordé quién era, una canción que aprendí en mi adolescencia y que acariciaba mi garganta al ser entonada. Por un segundo la que Solía Ser brilló, por un segundo pude verla hermosa, empoderada, capurando el espacio con su voz potente, con versos hermosos.

No regreses, por favor no regreses.
Déjame con mi recuerdo tuyo acurrucada en mis oscuridades iluminadas por la fantasía de haberte encontrado, de haber disfrutado de saber que existías, de haber caminado a tu lado, de haber dormido entre tus sueños, de haberte abrazado. No tengo nada más que recordar, nada que exigir, nada que esperar.

Tengo tu recuerdo, Templario. No necesito nada más, sé que nada más podrías dar.

Cada noche espero su llegada, y cada noche es una derrota más. Mis manos frías, mis lágrimas otra vez, las lavandas perfumadas de ayer. Cada noche escribo estos renglones tristes, hasta que se acaben las noches, o se acaben los renglones...


sábado, 23 de junio de 2012

Mi Cadalso

Este lugar ha cambiado tanto, se ha transformado incesantes veces, manteniendo su calor de refugio durante las tormentas. El aroma es único, madera. Madera en las paredes y pisos, maderas en forma de estantes ordenados y generosos, madera en la escalera serpiente y maderas en las hojas de mis amados libros. Todo aquí tiene aroma a otoños, aquí nunca es primavera. Cada vez que las lágrimas amenazantes, las nostalgias estivales o las melancolías invernales aparecen y colocan en riesgo el sosiego de mi mirada, entonces acudo sin demora, subo escaleras para sumergirme en este abismo sin tiempo, en este espacio incoherente, construido desafiando las reglas de la  física, del tiempo, de las normas, de mis miedos.
Este lugar donde ya no quedan ventanas, ni espacios definidos, ni límites precisos. Se ha edificado con todos los escombros de una mente errática, de ideas que se nutren solas y que a veces moribundas paren bastardas nutridas de esperanzas. Oh si supieras! si tan sólo supieras como he desnudado mis vergüenzas, cómo he flagelado mis orgullos.
En este lugar todo rebrota cómo si fuese la tierra fértil deseosa de semillas para germinarlas, pero a veces se transforman en sólo rocas, testimonios mudos de silencios ensordecedores. He perdido tanto, extraviado en este lugar. La misma ventana cada noche.
La fe debe ser el lugar donde mueren todas las certezas, donde muere la curiosidad reemplazada por antojadizas respuestas.
Yo ya lo sospechaba, cada noche duele menos, una forma de morfina que no sólo alivia el dolor sentido, sino que además permite anidar delirios, divagar tras su fantasía, imaginarlo. Ahora sólo me resta imaginarlo, comienzo a olvidar el sonido de su voz, el braille de su cuerpo prosas inconexas, perdiendo su gramática, ahora sólo me queda el pianissimo de su voz entrecortada.
Mis recuerdos están cansados de recordarte. Mis recuerdos comienzan a deteriorarse por el tiempo tirano, genocida de esperanzas moribundas.
No sé a quién espero. Un templario que a veces me recuerda y todo resucita, pero me recuerda de tan lejos que esta distancia ha ido destruyendo mi cordura. No puedes esperar a quién no quiere llegar -grita la Misma desesperada. La que solía ser desde la muerte de Ella espía en secreto el camafeo con la fotografía robada de Él, el Templario.

miércoles, 20 de junio de 2012

Tormentas y Tempestades

Había perdido la cuenta de aquellos fragmentos dispersos que testaruda mantenía cohesionados como recuerdos, lo cierto es que ya tenían forma, sólo desteñidos contenidos. Oh! nuestra mente, tan traicionera ella, tan antojadiza y testaruda! tan caprichosa que nos desafía a entenderla. Tan inmensa, que peligroso es partir en su búsqueda.
Terminé odiando más las preguntas que las respuestas. Finalmente, la comodidad y el aburrimiento se encargan de menguar nuestra curiosidad y la rutina se encarga con frialdad de nuestra capacidad de asombro.
Evito llegar a ese punto en que intento evaluar, llegar a conclusiones. Prefiero aferrarme a débiles hipótesis, seguir buscando posibilidades, no descansar ante conclusiones. Me asusta concluir, me asusta la idea del fin. 
Estos días nublados me recuerdan la soledad del bosque y sus aromas, la humedad permanente y el silencio inmenso y acogedor. Comencé a perder el interés por los ruidos, por la ciudad y sus luces, por la gente en manada, por los amigos, sin darme cuenta me transformaba en un anacoreta, sin búsqueda, sólo con la obligación de la sobrevivencia.
De esta forma el relato comienza a terminar. No hubo final feliz, ni momento culmine. No hubo funeral ni llantos, no hubo reencuentro ni olvidos. De esta forma extraña y paradójica aprendí a vivir de esta forma, sin más ataduras, sin cicatrices, sin promesas, sin expectativas.
Caminar sin intentar llegar a ninguna parte, aunque retorne al punto de inicio, aunque llegue a ese punto que no quería llegar, aunque no tenga idea de dónde he llegado. A la deriva, así estoy.

viernes, 15 de junio de 2012

Aquella Improbabilidad

Quiero imaginar tu rostro mientras musitabas aquellas palabras, no quiero pensar en las palabras mismas, ni en su morfosintaxis, ni en su melodía, sólo quiero cerrar mis ojos e imaginar tu rostro susurrando su sonido. Te fuiste convirtiendo en mi fantasía, ahí, siempre conmigo, atesorada en mi memoria, rodeado de aquellas noches que te bauticé de deseos, que me coronaste de glorias. Quise imaginar tu rostro, y al cerrar mis ojos, acariciarte con mis pestañas, quemaría tus naves cargadas de botines de guerra, de todas mis incertidumbres, todas mis ansias de buscarte.

Recuerdas como te miraba idolatrando tus movimientos? no lo sospechabas. No querías creerme. No querías apostar y perder, lo sé. Preferiste dejarme en esta torre rodeada de fantasmas, rodeada de estos recuerdos sin ti. Tú siempre me tuviste, porque me mantuve en esta espera. Fue esta espera la que me permitió tejer estas mortajas, fue esta espera la que me permitió procurar mantener las luces encendidas por si tal vez, en algún momento, quisieras regresar por ese camino que alguna vez te llevó lejos.

No me importa que no regreses. No me importa que esta vez sea otra de tantas en que pensé que "hoy quizás", no me importa que otra noche invoque mi sueño esquivo imaginándote, no importa que me haya acostumbrado a tu ausencia acompañándome sólo de lo que fueras, de pequeños fragmentos robados. Es lo que tengo, es la pobreza que hoy me rodea. Si hoy me ofreces nada, palabras que ni siquiera tienen sonido, pero que atesoro. Me dio fuerzas, me alimentó en horas hambrientas. No lo sabes, pero fue tu recuerdo en que cada noche se sentaba al borde de mi cama y me arropaba. El recuerdo que yo construía, no me digas que no eras tú, no me quites esa fantasía. No me importa que no regreses, porque nunca te dejé ir, tu recuerdo encadenado lo dejé a mi testaruda memoria.


martes, 12 de junio de 2012

Poesía ebria...

Fue así como nos fuimos olvidando de nostros mismos, nos fuimos olvidando de todas esas sensaciones, convicciones y certezas que pensamos alguna vez que serían inamovibles. La vida, así comenzó a volverse esquiva, idiota, malhumorada.  Terminé en ruina moral, enriquecida sólo de ausencias y nostalgias. Nunca hubiese imaginado que estas trampas estarían ocultas en el camino, finalmente las sospechas no sirven de consuelo ni de penitencia.

Hay momentos en que Chopin suena más triste que otras noches, hay momentos en que quisiera borrar la memoria, pero ahí está impertérrita, inmutable, odiosa y sarcástica.

lunes, 11 de junio de 2012

Desde Lejos

El tiempo se encarga de diluir los recuerdos fraguados en sal y agua. La tristeza finalmente nunca te abandona, al parecer agazapada se encarga de permanecer oculta. Las noches comenzaron a ser mis aliadas, algunas me acarician hasta reconciliarme con mi sueño esquivo. Dejé de evocar recuerdos para espantar los insomnios malévalos, que a veces traicioneros en forma de pesadillas me hacían visitar aquella puerta y aquel balcón.

Este tiempo de crisálida ha sido más lento de lo que esperaba, pensaba que la sanación llegaría más rápido, más instantaneamente. Cuando deseas con tantas fuerzas simplemente olvidar.

Algún día seré mariposa, sólo necesito dormir profundamente.

jueves, 7 de junio de 2012

Los navíos en el Muelle

Desde lejos los navíos extienden sus arados con los que lastiman las grietas en el mar, los veo desde lejos imaginando que van y vienen, que contienen historias, personas, olvidos y ausencias repartidos en los muelles en los que atracan y desembarcan. Confieso que tengo un temor irracional al mar y sus misterios, a la profundidad de su inmensidad, a los secretos sumergidos que nunca respirarán. No sé por qué esa angustia inexplicable a la profundidad del mar, no lo sé. Me aferro a la tierra, soy un habitante de mesetas, de acantilados y planicies, pero alejada de la costa, de los arrecifes y de altamar.  El vaivén de un navío me recuerda aquellas veces que naufragué sobre su pecho. escribí "tu pecho" y tuve que hacer el esfuerzo de borrarlo y corregirlo primero en mi mente, "su pecho". A través del lenguaje comienzo a construir esta distancia que en mi mente era siempre proximidad.
Continúo desde mi ventana mirando los barcos alejarse, del mismo modo, que mis recuerdos se sumergen en la noche oscura del olvido. Las anclas de la fantasía, aquellas que te estancan y no te dejan ir. Se oye la voz del contramaestre, a levar anclas, dejaremos este puerto y sus amores, todos sus recuerdos contenidos en una postal sin destinatario.
Volver a sonreír. He ahí la obligación de este día.

miércoles, 6 de junio de 2012

Reconciliación

Los días y las noches. Interminables que en momentos los confundía en una alocada agenda que los trasladaba en horario y luminosidad. Con el tiempo me fui acostumbrando a ello, hasta que decidí detenerme, era el momento. Había tardado tanto en llegar, que ahora que ya estaba aquí me era dificil reconocerle. Llegaba mi tiempo de resignación, el perdón de mis pecados, la amnistía de mis transgresiones.

viernes, 1 de junio de 2012

Habrá un segundo

No te imaginas, ni siquiera lo sospechas. No lo sabes, ni quisieras saber. Lo escribiré porque amenaza con estallar en mis entrañas y llevarse lo poco que va quedando de mí. No lo sabes, ni lo quieres oír. Este exilio ha menguado mis fuerzas, ha erosionado esta geografía que antes florecía cual vergel bendecido. Todo comenzó a perder la luz que tu presencia entregaba. 

Habrán momentos en que podré volver a este lugar, donde ahora entierro el féretro de tu recuerdo. No tengo opciones, se acabaron. Me aferré a todas las posibilidades, pensando que en alguna de ellas podría encontrarte. Me quedé quieta observando el tiempo, imaginándote desde lejos, acariciando tus palabras que en forma de eco recluidas quedaron en esta celda voluntaria. Ni siquiera puedo culparte, qué sentido tendría? 

Habrán momentos en que volveré a esta sepultura. Traeré lirios y jazmines, besaré tus labios en esta tumba que he construido con la fantasía de tus batallas. Te imaginaré victorioso, condecorado de honor sobre tu armadura impecable. Ya no quedan palabras, sólo nos restan los silencios. Se acabó el tiempo de siembra y cosecha, ha llegado el invierno. Pero, cerrarás los ojos y ahí estaré, me haré brisa, seré recuerdo esperando por ti, sólo recuerdo. Al igual que tú, debo zarpar desde este lugar, sólo que voy retrasada. 

Volveremos, cada aniversario.
Volveremos y otra vez beberemos de nuestros labios.
Volveremos, y otra vez haremos eterna una noche, cubiertos de penumbras y sudor.
Volveremos, sólo en nuestra memoria. La realidad tirana decidió nuestra suerte, y apostamos a perder.


Hay noches, que cuando sueño contigo, prefiero despertar.

lunes, 28 de mayo de 2012

El ático

Fue un impulso, una corriente eléctrica desbordante, que sobrecargo mi sistema psicomotor, necesitaba subir esas escaleras, correr a refugiarme a mi espacio, ese útero acogedor que con sus murallas de madera y tejas crujían para acogerme, nutrirme, reparar mi daño irreversible. Todo estaba tal cual lo había dejado, tantas cosas clasificadas, sin guardar, sin archivar, amontonadas, dispersas, ordenadas. Voy encontrando memorias, fragmentos, trozos de mi, trozos de mi deambular por esta vida, por estos años. Fotografías decoloradas, libros miles de ellos atiborrados, cartas jamás enviadas.

Amanecer

Fue una larga noche estrellada. Desde mi ventana, rumiando mi insomnio, he podido abrazar el amanecer y ver desaparecer la luna. Me he rodeado de mis silencios, de esta soledad que luego del dolor causado, ha comenzado a reconciliarse conmigo.
He podido descubrir secretos simbolismos en mis sueños, en mis miedos, en mis tristezas.

Lluvias

Este lugar bendito que ha sido mi baluarte y mi remanso tantas noches insomnes, mi capullo fragante repleto de mis amados libros, mis arañas y la luna que me acaricia por la ventana. Este ha sido mi refugio estos años, tantos años! años! y yo aquí con el tiempo detenido, el invierno se quedó conmigo, en mi tristeza las lluvias eternas, lluvias! hermosa lluvia! una bendición que limpiaba mi rostro confundiendo mis lagrimas con las gotas del cielo, enjuagando mi rostro cansado de llorar.
Terminado el Funeral, regresé a mi ático, lucía distinto. En mis oídos a lo lejos aún las teclas del piano estaban atrapadas en aquella melodía. Me obligaba a no recordar, era una tortura, pero era mayor el dolor de estar atada al recodar. Para sobrevivir era imprescindible olvidar.

Ciclo Lunar

Estos días se han hecho cada día menos digeribles. Hay comenzado a amontonarse con amenazas de secuestro y lapidación, alternando con momentos de paz y embrutecimiento. Ya no hay prisa, no hay compromisos por cumplir. El calendario comenzó a esquebrajarse. El teléfono agotado dejó de sonar. Rara vez me acercaba a la ventana. Comenzó la desidia asociada a la metamorfosis, aquella que obligatoria toma el control de tu vida, cuando tú has perdido el control sobre ella.

Con el tiempo, las heridas no encontraron alivio ni cura, quedaron permanentemente expuestas a la infección del alma. Frente a esto, sobrevivir o resignarse. Opté por resignarme.

Cómo sería? Cómo me hubiese gustado que fuera todo?. Qué valentía hay que tener para reconocer que si las cosas hubiesen sido como yo hubiese querido finalmente la cobardía no me dejaría asumirlo con toda propiedad. Si me hubieses amado, si no me hubieses dejado ir, finalmente hubiese sido yo quién te habría abandonado. Adivinaste lo que yo no había llegado a pensar. Mientras me aferraba al encanto de descubrirte tú me mirabas reconociendo en mi sonrisa delatora la verdad oculta junto a todas mis mentiras. Tú no fuiste el cobarde, ni yo orgullosa. Tú fuiste el valiente que huyó porque reconoció antes que yo mi canallada ulterior. Nos amaríamos pero yo no cambiaría, una mujer como yo nunca lo hace. Retomaría mi esencia zigzagueante, mi arrebatos impredecibles para ser arrastrada a las incertidumbres, y tú no querrías eso, no podrías soportarlo.

Boleto de Ida y Regreso, Sólo de Ida...

Los días! Oh los días! tan inclementes ellos, tan soberbios, tan monstruosamente altivos e indolentes; transcurren sin piedad alguna, me torturan, me mancillan, se burlan de mi paciencia, menosprecian mis esperas con burlas y lisonjas. No me esperan, transcurren rápido y sin misericordia me abandonan a mi suerte; sólo en las noches alcanzo algo de paz y resignación, el silencio y la oscuridad ayudan a que mis heridas se conviertan por unas horas en cicatrices, y recuerdo, y recuerdo. Recuerdo aquellos días en que despertar era una bendición, abrir los ojos y brillar con la luz solar, cuando todo estaba dispuesto, cuando todo era una probabilidad, cuando estábamos tan lejos, que aún éramos libres porque el universo aún podía bendecirnos con la posibilidad de no encontrarnos, de nunca coincidir.
Dónde estabas? qué hacías? quién te amaba? quién te acompañaba? Estábamos lejos, desconocidos, así debimos haber permanecido, en un estado anónimo, sin encontrarnos jamás. Haber transitado por calles vacías, habernos sumergido con lágrimas y saciado en risas sin habernos rozado jamás, sin habernos perdido en nuestras pupilas, sin habernos sonreído jamás.

He aquí, mis penosos recuerdos, mis cicatrices y mis errores, todos amontonados, todos sin sentido, todos esparcidos en este caos que me rodea, que me ahoga, que me desconcierta. Algún día, seré valiente. Una de estas noches haré una hoguera alimentada con el combustible de estas melancolías corrosivas y tóxicas, con todos estos fragmentos oníricos, con promesas roídas, con mis ansias de besarte, con mis recuerdos húmedos, con todo aquello que alguna vez nos retorció el alma con suspiros, con deseos, con murmullos, con nuestros nombres, con nuestras pasiones alguna vez encendidas, y hoy tan apagadas.

viernes, 2 de marzo de 2012

el último capítulo

Estos días me han entregado un prisma distinto para observar esta realidad que se ha comenzado a escapar de mi voluntad. Hace meses que había perdido el rumbo trazado. Comienzo a redirigir este navío. Si bien, no encontré lo que buscaba, regreso a puerto con una extraña sensación de Paz. No sé si será cansacio, resignación o alguna forma de templanza.
Las cosas fueron, no fueron, o simplemente aprendí a aceptarlas.
En este tiempo, miles de cosas ocurrieron, situaciones, personas, anécdotas, miedos, lágrimas y risas. Mi personaje ha sufrido un intento suicida, dos  asesinatos, dos duelos, tres operaciones. Deambuló por los bordes de un precipicio, bailó con Doña Muerte, se enamoró de un Templario.

Comienza a terminar este blog, este relato en voz alta. Ella ha muerto y la que solia Ser confesó sus pecados. La Misma perdió la razón.

No hay un final feliz, el triste final en cambio fue soñar con él, y querer despertar porque sabía que debía hacerlo.

Los hechos relatos son ficción, nadie vive una vida realmente sincera, todos nos mentimos. Lo terrible es cuando al mentirnos a nosotros mismos, surge el triunvirato.

El Caballero templario nunca regresó. La Misma probablemente lo sigue esperando en el mismo lugar, la misma ventana durante el mes de octubre. Ella fue sincera,  hermosamente sincera y eso acarreó su triste final, enamorada, enferma y romántica, uan Gautier fuera de época, empeñada en sentimientos corrosivos y con una memoria que terminó siendo su tortura. La que solía ser había tramado esta rebelión.

Buscando el rumbo...

No tenía dónde ir. Estoy perdida, ni siquiera me encuentro. La única certeza que poseo es este vacío. Como un adicto rendido regreso a mi refugio, intentado buscar alivio temporal a esta angustia.Escucho un par de canciones de la Piaf e inevitablemente regreso al barrio Lastarria y sus cafés. Regreso a la misma silla y las velas encendidas. Es lo único que me queda, fragmentos de recuerdos con lo que alimento la inanición de mis días y el insomnio de mis noches. Como una compulsión comienzo a recordar y a escribir, y las lágrimas, las infatigables lágrimas.

Me avergüenzo de todo esto. Quisiera volver sobre mis pasos, borrar todo, comenzar otra vez, y aún con ese imposible milagro, tal vez sólo sería para regresar a ese pasado y volver a cometer los mismos errores con la intención de también volver a encontrar la misma desgracia, los mismos poemas, los mismos desaciertos.

Hay momentos en los que mi alicaído orgullo se levanta y me fortalece; sólo lo logra cuando la maldita melancolía me olvida por unos instantes. 

Esta vez las lágrimas fueron reconfortantes, un alivio.
Supongo que eso ayuda. Supongo que tampoco es cierto, pero...

martes, 28 de febrero de 2012

Réquiem Nocturno

Habito en un espacio-tiempo deforme y lúgubre. Aquí estoy enterrando un poco más de dos años de ésta que con alarde y orgullo llamo mi Vida. Estoy cansada, resignada y cansada. Triste y cansada. Sobre todo cansada. Ya no quedan esperas, ni desvelos, ni premuras, ni deseos. Todo ha sido devastado por la erosión de las lágrimas, la soledad y el tiempo. Fui otra más que intentó el imposible y sucumbió a la paciencia que se transformó en locura. Perdí los límites, me permití ser arrastrada por mi propia imprudencia, sin estimar los riesgos, sin prever los resultados predecibles.

Intento concentrarme en el silencio dentro de mí, pero no es silencio lo que concentro, es una erupción volcánica retenida, burbujeante, cándente; que amenaza con destruir todo lo que he construido, toda esta paz momentanea de segundos, de versos, de pequeños intentos de cordura. Todo lo que alguna vez me hizo brillar hoy mustio me recuerda la fragilidad, la vacuidad, la mortalidad.

Se acabaron las lágrimas, la sequía también las ha agotado. 

El funeral transcurría lento, parsimonioso. Chopin rompía el silencio con aquella pieza nocturna amada. El triunvirato estaba destruido. La Misma lloraba descontroladamente pero tampoco corrían lágrimas por sus mejillas. La que solía ser inmutable observaba el féretro aterciopelado rodeada de lilium asiático, su flor favorita, siempre augurando su propia muerte. Ella pálida, fue ataviada con un lencería francesa que ella amaba y que sólo en una ocasión vistió. Sus largos cabellos adornaban su rostro volvieron a ser azabaches en contraste perfecto con su piel láctea. 

La que solía ser, rompió el silencio: Hay algo que debes saber.

lunes, 27 de febrero de 2012

Poema Refugio

Triste.
Profundamente triste.
Lágrimas inundación que agitan una tormenta.
Lágrimas que brotan desde el alma en deshielo.
Ahogando mis esperanzas
ahogando mis desvelos.

Triste,
Ya no quedan días soleados
ni cartas por recibir,
ni tesoros corsarios.
El alma errante, confundida de ayer,
encadenada a lo evidente.

Triste.
Resignada a estas noches.
Recluida a las sombras.
Silenciada de confesiones sinceras.
Mordaza para mis labios penitentes!

Traicionaré mis fantasías fútiles,
las incineraré de Razón,
Adiós poemas refugio,
Adiós versos protección.

domingo, 26 de febrero de 2012

Fantasías

Hoy sentí vergüenza. Vergüenza de desnudar el alma en un arrebato de honestidad. Yo pensaba que siendo sincera desde el principio, uno se evitaba después el horror que con el paso del tiempo comienzas a desenmascarar a un desconocido que crees conocer. Por eso, cometí la peor estupidez: "Mostrarme con excesiva honestidad, sin caretas, sin mentiras, sin frases hipócritas" para que el otro construya una silueta congruente con quién uno es, no una deformación. Crasso error. Crasso y lamentable error.
Todos quieren una fantasía, perfecta, inmaculada, virginal y hacen caso omiso a las imperfecciones, aunque sospechen de ellas. Ciertamente algunos prefieren el maquillaje de los vicios, de los detalles, de las dudas, de los celos. No existen mientras no los confieses. Si lo confiesas, los hacen reales para ellos. Ese fue mi error, mostrarle a él quién yo era, no vio ni quiso creer en quién me transformaba, no por él, sino por lo que él provocaba.


Con el tiempo, las noches y los días, aquellos que se suceden con inclemencia, autoritarios que van y vienen a su antojo caprichoso.

Hoy asesinaré mis verdades. Ahogadas en mentiras. Esta noche enmudeceré mis verdades. Amordazadas con mentiras. Esas lágrimas suicidas que en vez de lanzarse en caída libre, prefieren asfixiarse en el alma. Callar, aprender a callar. Nunca más, nunca más! La Verdad debe ser muda cuando de amantes se trata.

Cuando se pierde hasta el último residuo de esperanza, ¿qué nos queda para seguir?. Cuando la sonrisa exiliada se niega a regresar...Desde este momento seré con el presente cuidadosa, reservada, casi sobreprotectora...El pasado alimentará en silencio mis versos, el presente enmudecerá mi realidad

Hoy confirmé algo que deseaba que fuera real, hoy confirmé que yo también habito en sus fantasías, que aún me recuerda, que habito ese recuerdo que uno de cuando en vez acaricia en las noches. Confirmé que él también después del encuentro en altamar, después de aquella embestida, pirateó mi silueta, y escondida estoy entre sus tesoros corsarios. Hay noches estivales que regresa a mí, y en la misma fantasía, yo regreso también; salvo por un detalle, yo nunca me fui, quedé atrapada en ese lugar voluntariamente. Comencé a conformarme con una silueta fantasma, y eso era suficiente, no exigía más.

Hoy, tanto terminé odiando el hoy porque insistía en habitar el Ayer.
y ahora no sé como regresar al mañana, se me hace difícil seguir el ritmo, va demasiado rápido y me retraso a cada instante.

Seremos fantasía. Las fantasías no se hacen reales, por eso son fantasías.
Fuimos dos noches, ésas fueron nuestras fantasías. Fuimos honestidad absoluta, descarnada, fuimos humanos desnudos en cuerpo y en mente, sin máculas de hipocresía. Eso es una irrealidad, eso es una mutación, es un hecho improbable y eso no se repite.

Nadie imagina lo que siento en este instante, siento el alma fragmentada en millones de trozos que no intento unir, los dejo disgregarse para aliviar el paso de los días.

miércoles, 22 de febrero de 2012

Dosis de Resignación

Cada día me cuesta más esfuerzo retornar a este lugar, otrora mi refugio, hoy se torna mi tortura. Tan difícil que se ha hecho el simple acto de dar vuelta la página, terminar el libro, avanzar a otro capítulo. Ese afán tozudo de aferrarme a la fantasía de la inexistencia, algo que fue y que el tiempo trituró en sus fauces hambrientas. Fue transformado, desecho y rearmado. Soy yo la que se aferra a la remota posibilidad, que aún siendo altamente improbable me alivia la agonía de la certeza rotunda.

Resignación. Cuánto odiaba esa palabra! Cuánto odiaba esa inercia de la aceptación silenciosa!. Y sin embargo, ésa ha sido la alternativa en la que me he visto acorralada, pese a todos mis desesperados y rebeldes esfuerzos para doblegar el Destino que imponía finalmente su voluntad. Tanto buscarte, para sólo contemplar cómo debía aprender a continuar sin ti, aún sabiendo que existías.

Supongo que ése debe ser mi consuelo, el bálsamo que suavice mis heridas. Esta fantasía que aún atesoro, ocurrió; el hombre que soñaba, existía; tenía un nombre, respiraba, vivía. Ya no importa si fue correspondido, o no; si importó o no, si me amó, o sólo me olvidó. Ya no busco esas respuestas que sólo agregan sal a mis heridas. Todo lo que soñaba habitaba un cuerpo, y pude recorrer toda su geografía; pude conjurar mis hechizos en su piel, beber de sus fraguadas entrañas, derretir su sudor en un almizcle imperecedero. Fue real, ocurrió y el acto de recordar fue la forma de seguir disfrutando de una noche, convertida en mil noches de insomnio solitario.

Esa noche debí sospechar que el amanecer dejaría caer el telón final.
Mi memoria traicionera ha sido la que fatal ha repetido cuadro a cuadro las escenas atiborrada de detalles deliciosos. Tuve la opción de reemplazarle, de continuar buscando sin comparaciones. Pero ya no tenía sentido, había un nombre, un momento que deseaba repetir. Hay eventos aleatorios improbables, pero nos aferramos a la superstición, a la Fe, al Amor para ilusionarnos con el milagro, el milagro que nos redima, que nos transforme, mientras aquello ocurre la maldita esperanza nos inyecta la morfina necesaria para seguir, para insistir, para suicidarnos en pequeñas dosis diarias de resignación.

Acto X: Fragmentos de Memoria

Intentando dar con el tiempo perdido, en algún lado debe estar, junto con todas las cosas extraviadas, un anillo de plata en la arena del desierto camino a cualquier parte, un cuaderno atiborrado de canciones clandestinas, un diario de vida con tapas azules, un manojo de cartas sin remitente, un peluche con ojos negros plásticos que me seguían...un acerbo de palabras atragantadas, de ideas que no prosperaron, de sueños que se hicieron pesadillas...

Dónde quedó ese tiempo? ese tiempo con sol de verano, cuando los relojes los desarmaba para descubrir el enigmático sonido interminable de sus secretos y no eran una amenaza para llegar a ningún sitio puntualmente... Los hibiscos rojos convertidos en damas en un salón de baile sobre la mesa del comedor añoso y oscuro...

Recuerdo las ollas, el hollín de la cocina, el olor a madera, las ígneas brasas transformando olores y sabores...

Recuerdo a Marcelo y a Gabriel, mis primeros amigos, cómplices de travesuras con sudor a inocencia e ingenio curioso, a juegos con camiones de madera y montañas creadas por el movimiento geológico de sacos de semillas... revoloteando y persiguiendo histéricas gallinas....caída la noche, la inflexible reprimenda que no se hacía esperar, la abuela seria y parsimoniosa preparaba el ritual del baño, en una palangana enlozada con golpe que había dejado una negra cicatriz.... restregaba mis rodillas y sus hilos grisáceos prematuros se balanceaban hacia mis ojos inquietos....todo era tan grande e inalcanzable....

Recuerdo una noche...estrellada y hermosa, mientras la vieja ante una artesa de madera tarareaba melodías espirituales, mientras enjuagaba la miseria cotidiana de los días sobre las ropas vetustas... Yo observaba sus manos arrugadas y brillantes, que agitaban el detergente convertido en burbujas celestes tornasolados...Mientras el cielo con lucero y estrellas se pigmentaba de negro y los pinos alrededor nuestro entre sus flecos se entonaba la música del silencio.... y yo la escuchaba absorta, anonadada frente a la hermosura de la noche...

Cuando vine a despertar, no me di cuenta del tiempo de sueño... Recuerdo la casa aquella, una cobija con ositos Teddy y soldados de madera, tal vez detalle delator del secreto e inconfeso deseo de un varón como primogénito. Piso de madera y cortinas blancas, murallas verdes y celestes en una estructura de madera abandonada por la voluntad y la juventud.

En un intento desesperado por no olvidar, para evitar que los recuerdos me abandonen y sentirme una vez más, del mismo modo aquel... Un desesperado intento de sobrevivencia...

Recuerdo una mañana, parecía invierno, una despedida en una céntrica calle, un abrigo rojo y unas pequeñas manitos intentando llegar a la ventanilla, él de pie, se veía tan triste, evitaba mirarme, siguió así muchos años después. Creo que nunca más fue feliz. La amó tanto, que su partida definió el destino de sus días. Creo que sobrevivió a un accidente que dudo de su casualidad, a veces creo que fue un desesperado intento de olvidarle.

Recuerdo la casa de los Abuelos, los aromas, las rosas amarillas, las cortinas, la madera brillante del suelo.  Recuerdo los aromos, el viento colándose por entremedio de los pinos, provocando un silbido que me hacía  fantasear con el viento jugando a ser niño.

Recuerdo, recuerdo tantas cosas!
Tantos días sin prisa!
Lentos días y sosegadas noches amparada y protegida.

Cierro los ojos.
Respiro.
Regreso a Casa.
Regreso a Casa.